ESCAZUCEÑO DE CEPA
En 1917 llegó al mundo Francisco Bernabé Neftalí del Socorro León Herrera (1917-2016). Don “Talí” León nació, vivió y murió en una época de dramáticos cambios en el mundo laboral y el paisaje rural costarricense, un entorno que adquirió en la segunda mitad del siglo un rostro urbano de concreto y metal, especialmente en su pueblo de origen: Escazú.
No obstante, en vida, don Talí no dejó que se perdieran esos rasgos del rostro rural de la Costa Rica que lo vio nacer. Para él, el trapiche de su finca no solo era una tradición, sino también un símbolo de resistencia. Él provenía de una familia, que, por el lado de los León, durante al menos seis generaciones, tuvieron su cordón umbilical unido a Escazú desde el siglo XVIII.
Escazú fue el corazón al oeste de la provincia josefina durante el siglo XIX y parte del siglo XX. No es casual que los distritos de San Antonio y San Rafael de Escazú destacaron por la gran cantidad de trapiches por habitante, uno de ellos fue el de don Talí.
En el año 2021 la familia del escazuceño Neftalí León Herrera donó al Museo Nacional el trapiche y una paila del trapiche de don Talí.
AMARGOS ORÍGENES
Hace miles de años se dieron los primeros pasos en la domesticación de la caña de azúcar (Saccharum officinarum) en las Isla de Nueva Guinea en Asia. Las antiguas variedades silvestres se caracterizaban por sus tallos tiernos, que eran directamente masticados por su dulzura natural y eran conocidos como las “cañas que producen miel sin abejas”.
CAÑA DE AZÚCAR Y MAÍZ
La caña de azúcar, junto al maíz, ha sido posiblemente uno de los cultivos que han experimentado un proceso de mejoramiento más intensivo desde la antigüedad. En la India se ha encontrado los registros más antiguos de métodos básicos para extraer el azúcar de la caña, proceso de refinamiento que fue mejorado por las sociedades persas y árabes.
LA CAÑA DE AZÚCAR LLEGA A AMÉRICA
El cultivo de caña de azúcar se expandió en el norte del continente africano y en las costas del mediterráneo. El azúcar cristalizada pasó a ser un producto de gran demanda en las mesas europeas. A finales del siglo XVI, Cristóbal Colón la introdujo en el continente americano.
Su cultivo y procesamiento (especialmente en Cuba, Jamaica y Brasil) alcanzó grandes dimensiones mundiales. Esto generó una gran demanda de mano de obra y potenció el comercio de millones de personas en condición de esclavitud de origen africano hacia América.
CAÑA DE AZÚCAR EN COSTA RICA
TRAPICHES DE ALGUNOS
En Costa Rica, las primeras referencias del cultivo de caña de azúcar son de finales del siglo XVI; entre ellas, del pueblo indígena de Tucurrique en Cartago. Más tarde, en el siglo XVII, el cultivo comenzó a sobresalir en el Valle de Ujarrás, población clave en la rústica vía hacia el Caribe.
Se debe considerar que tener un trapiche en esos tiempos era propio de los sectores sociales más privilegiados, pues para procesar la caña, aunque fuera de manera rudimentaria, se necesitaba mano de obra y cierta tecnología para la corta y molienda.
A finales del XVII, el cultivo de caña de azúcar se había extendido; en el padrón de 1691 levantado por el gobernador Miguel Gómez de Lara se mencionan, al menos, 16 trapiches en el Valle Central. La producción de dulce era, sobre todo, para el mercado interno, aunque en 1689 se menciona la exportación de “raspado” (dulce en grano) por el Pacífico hacia Nicaragua y Panamá.
HACIA AL OESTE DEL VALLE CENTRAL
En el siglo XVIII, la mayoría de los trapiches documentados se localizaba a las orillas del río Virilla, en el occidente del Valle Central. Esa región al oeste fue colonizada por agricultores mestizos que buscaban mayor acceso a la tierra, pues esta se encontraba más acaparada al oriente, especialmente en los alrededores de Cartago. Ese mayor crecimiento demográfico y dinamismo económico, se acompañó de una mayor demanda en el mercado interno de dulce y aguardiente, y, por ende, se multiplicó la cantidad de trapiches.
El dulce derivado de la caña de azúcar pasó a ser una bebida cotidiana desde la época colonial. El dulce con jengibre y limón es la base de la hiel caribeña actual.
Además de la caña se obtenía el aguardiente, guaro o chirrite. En otros países es la base del ron y la cachaza. También la caña de azúcar era un alimento clave para los animales, especialmente los de tiro o transporte.
Trapiche de madera de mediados del siglo XIX.
FÁBRICA NACIONAL DE LICORES
A inicios del siglo XIX se habían multiplicado los cultivos de caña de azúcar y la presencia de trapiches para procesarla. Además, después de la independencia, las finanzas fiscales del nuevo Estado dependieron especialmente del control de la producción y venta de licores; por eso, a mediados del siglo XIX, se creó la Fábrica Nacional de Licores en la capital josefina durante el gobierno de Juan Rafael Mora Porras.
Interior de la Fábrica Nacional de Licores a inicios del siglo XX.
GRANDES HACIENDAS AZUCARERAS
La caña de azúcar siempre acompañó las nuevas regiones de colonización y nuevas vías de comunicación. Con la construcción del Ferrocarril al Atlántico alcanzó una nueva escala, pues fue cultivada en grandes haciendas, donde, por lo general, se combinaba el cultivo de la caña de azúcar con el del café; este fue el caso de Pacayas, Juan Viñas y Turrialba.
A inicios del siglo XX, su cultivo también destacó en Barva y Santa Ana en el interior del Valle Central, hacia el oeste tuvo gran peso en el cantón alajuelense de Grecia; mientras que al oeste en Jiménez y Turrialba de Cartago. En el siglo XXI, el cultivo de caña de azúcar destaca en las provincias de Guanacaste, Puntarenas, Alajuela y la región norte. Los cultivos de caña de azúcar siempre estuvieron acompañados de la presencia de trapiches e ingenios.
DEL SURCO A LA ZAFRA
SUERTES Y RONDAS
En la época Colonial, los cañeros o cañaveladeros sembraban la caña de azúcar en surcos paralelos de unas cien varas cuadradas llamadas “suertes”. Cuando se cultivaba caña nueva o caña de moler, en ocasiones se le incluía en el perímetro una ronda con hileras de plátano, cercas vivas de piñuela o poró, muros de piedra o zanjas para evitar que el ganado se comiera los cañales.
LA ZAFRA
La caña de azúcar alcanza su madurez entre los 10 y los 14 meses de cultivada. Durante la cosecha o “zafra”, los jornaleros cortaban los tallos y quitaban las hojas. Si la caña se corta y no se procesa rápido en los trapiches o ingenios, se seca o se fermenta y pierde su valor productivo.
CAÑA AMARILLA Y MORADA
A inicios del XX, el científico Henri Pittier mencionaba que las variedades más comunes de caña de azúcar eran la amarilla y la morada. La primera tenía un mayor rendimiento y era la preferida para producir dulce. La morada resultaba más suave y se utilizaba para alimentar a los bueyes. Con los años, las variedades de caña de azúcar han evolucionado de la mano de la ciencia.
CAÑA DE AZÚCAR PA´ MOLER
EL TRAPICHERO
Después de la zafra, la caña de azúcar era llevada a los trapiches en carretas con bueyes y, más adelante, en camiones. El trapichero dueño o administrador del trapiche supervisaba la producción, el mantenimiento del trapiche y, posteriormente, comercializaba los derivados de la caña de azúcar.
En primer lugar, la caña de azúcar se pasaba por los rodillos del trapiche para extraer el jugo o guarapo. Una vez extraído el jugo y filtrado de impurezas o “cachaza” del jugo de caña, el pailero cocinaba el líquido en grandes pailas de cobre; su experiencia permitía encontrar el punto exacto de evaporación para concentrar los azúcares.
Etapas del trabajo en un trapiche en el año de 1937.
Desde 1971 un antiguo trapiche de madera forma parte del jardín del Museo Nacional. Es originario de Esparza, a su llegada a la institución ya tenía en su haber más de 100 años de antigüedad. Destaca por estar fabricado todo de madera y por su sistema de articulación que no depende de piezas de metal. Tiene su volador o volante donde se amarraban los bueyes.
Funcionarios del Departamento de Protección del Patrimonio Cultural participaron en la instalación del trapiche en el jardín del Museo Nacional de Costa Rica.
DEL DULCE AL AGUARDIENTE
Para obtener la melaza, el calor se detiene antes de la cristalización. Si durante el cocimiento se deja espesar el jugo de caña, se consigue la panela que es vertida en moldes. Para dar vida al aguardiente, la melaza se fermenta con levadura para producir el alcohol que se destila en alambiques de cobre. El bagazo o residuo de la caña se usa como forraje o como combustible durante este proceso.
Para llevar a cabo todos estos procesos en el trapiche, se utilizaban las pailas, las canoas, las paletas y los moldes. La tapa de dulce se empacaba en atados, tamugas y, ocasionalmente, en pan de azúcar.
LABORES DEL INGENIO
En los trapiches mecánicos o en los ingenios trabajaba el maquinista que operaba el molino, el calderista que manejaba las calderas, el clarificador que usaba cal para purificar el jugo, el azucarero que cristalizaba el jugo y el “melazero” que procesa la melaza de la cual se obtenía alcohol.
TRAPICHES EN MOVIMIENTO
Los trapiches son, en última instancia, molinos rudimentarios que se utilizan para extraer el jugo de la caña cuando esta es triturada por las mazas del trapiche. Los trapiches más rudimentarios eran operados de forma manual o con la ayuda de animales; un ejemplo de este trapiche es el exhibido en el jardín del Museo Nacional. En este había que pasar varias veces la caña entre las mazas para lograr una mayor extracción del jugo.
A inicios del siglo XX muchos trapiches eran de metal, importados de Estados Unidos, como el de don Talí León, que, aunque pequeños, resultaron más eficientes y resistentes para la extracción del jugo. Existían menos de 20 ingenios azucareros y cerca de 2000 trapiches, de los cuales casi el 75 % era de hierro, el 20 % de madera y, aproximadamente, el 6 % hidráulicos o de vapor. La mayoría de los trapiches en esa época se concentraban en Mora, Escazú, Acosta, Aserrí y Puriscal. Ya para mediados del siglo XX la cantidad de trapiches fue decayendo. De esos trapiches sobrevivientes, por decisión de sus familiares, el trapiche de don Talí hoy se encuentra resguardado en el Museo Nacional, para el disfrute de las próximas generaciones.
Referencias
- Alfaro, J. (1977). El vocabulario del trapiche costarricense. Heredia: Universidad Nacional.
- Dálolio, Ileana (2017). Historia del consumo de aguardiente en Costa Rica: Estanco de Licor y Formación de Estado (1806-1850). Tesis Maestría Académica de Historia, Universidad de Costa Rica.
- Fonseca, Elizabeth. El cultivo de la caña de azúcar en el Valle Central de Costa Rica. Época colonial”. Costa Rica Colonial. San José: Ediciones Guayacán.
- González F., Troyo M. (2003). Trapiche: Una tradición en proceso de cambio. San José: Centro de Patrimonio, Ministerio de Cultura y Juventud.
- Pititer, Henry (1908). Plantas usuales de Costa Rica. San José: Imprenta Nacional.
- Sedó, Patricia y Cerdas, Milena. (2016) El trapiche: Un espacio dedicado a dulces tradiciones en Costa Rica. San José: Impresiones Amerrique S.A. Escuela de Nutrición, Universidad de Costa Rica.
- Villalobos, Gabriela (2017). Modernización agropecuaria en Costa Rica (1897-1914): los apóstoles del progreso. Cartago: Editorial Tecnológica de Costa Rica.
- FAO (2009). Sugar Beet White Sugar (Agribusinee handbook) «Agribusiness Handbook: Sugar beet white sugar». Food and Agriculture Organization, United Nations. 2009.
















