Museo Nacional de Costa Rica
Silencio ante el Sepulcro

Imágenes de Cristo yacente y sepulcros invitan a reflexionar desde diversos puntos de vista: como objetos de culto, objetos patrimoniales o arte religioso. 

Desde el punto de vista artístico, podrá apreciar las técnicas de manufactura y los materiales, así como conocer acerca de algunos autores y el período histórico al que pertenecen. Como objetos de culto, podría considerar los aspectos litúrgicos, el valor simbólico, lo que representan y el sistema de creencias que las sustentan.

Silencio ante el Sepulcro es un llamado a la protección de un legado social, histórico y artístico del país. Presenta 25 piezas, 16 de las cuales son esculturas en tamaño natural, en uso y que pertenecen a templos católicos de San José, Heredia y Cartago, en donde cada año, en las procesiones de la Semana Santa, avivan la devoción de sus fieles.

Destaca el realismo con que fueron talladas las imágenes, buscando transmitir las vivencias y el dramatismo de la crucifixión. Algunas de ellas muestran sangre y heridas y algunos elementos que hacen alusión al martirio de Jesús, como la corona de espinas, los clavos y la palma del resucitado.

Predominan las imágenes de Jesucristo en el tránsito de dolor, como Nazareno flagelado y cargando la cruz; crucificado en el Calvario y principalmente sepultado o como Cristo Yacente. Así como los sepulcros, elaborados en madera o metal y procedentes de diversos países, tanto de América como de Europa.
Sin embargo, también se muestran otras figuras importantes, que tienen un gran significado en las actividades litúrgicas, como la Virgen de la Dolorosa, la Virgen de la Soledad, San Juan y los Ángeles Afligidos.

Destacan en la exhibición

SEPULCRO CON CRISTO YACENTE
El Sepulcro data de la primera mitad del siglo XX, según la comunidad procede de Alemania. Este sepulcro esta hecho en metal, material poco común en Costa Rica para este tipo de bienes. Su estilo remite al diseño neogótico, que es el que tiene la actual iglesia de Moravia.  La figura de Jesús es de manufactura costarricense. Patrimonio de la iglesia de San Vicente Ferrer de Moravia.

CRISTO YACENTE
Barva fue una de las misiones franciscanas fundadas en la época colonial. En este periodo uno de los estilos artísticos dominantes fue el barroco, el cual se aprecia en obras de los imagineros guatemaltecos. En esta época los rasgos de las imágenes buscaban conmover; en este Yacente se logra a través de la expresión de placidez de su rostro, la minuciosidad de ciertos detalles como las venas, la herida del costado, el tallado de la barba y los dientes; además de la incorporación de accesorios que le dan más naturalidad como el uso de pestañas y peluca. Patrimonio de la iglesia de San Bartolomé, Barva.

SEPULCRO CON CRISTO YACENTE
Las imágenes de las iglesias parroquiales se encargaban a talleres especializados en arte religioso. La comunidad buscaba distintas formas para sufragar estas adquisiciones, como la venta de comidas y turnos. También sucedía que  personas o familias acaudaladas donaban las imágenes, como es el caso de éste conjunto regalado en 1918, por doña Ramona Quirós Alvarado y su hijo Adriano Villalobos Quirós. El sepulcro y el Cristo fueron encargados  a los talleres de Ferdinand Stuflesser, ubicados en ese momento en Austria. Patrimonio de la iglesia de San Juan Bautista de Tibás.

VIRGEN DE LA SOLEDAD
La imagen de Nuestra Señora de la Soledad está asociada directamente al Misterio de la Sepultura de Jesucristo. Ella con su expresión de dolor y espera, mira fijamente a su hijo que yace muerto aguardando su Resurrección.
En Costa Rica desde el siglo XVII se conformaron cofradías en torno a la Virgen de la Soledad, siendo las más antiguas las de Cartago y Barva. Es hasta el siglo XIX que se organiza una de estas cofradías en San José. Patrimonio de la iglesia de San Isidro Labrador de Heredia

SEPULCRO CON CRISTO YACENTE
De este conjunto la obra más antigua es el Yacente, que posiblemente es de la primera mitad del siglo XIX. El sepulcro ha tenido varias transformaciones, la principal fue la incorporación de la tarima y la sustitución de las antorchas por los ángeles;  la más reciente, es el dorado de algunos detalles. Décadas atrás, el sepulcro estuvo en el Museo Nacional y después regresó a la iglesia de Tres Ríos donde es venerado y cuidado por los “pilaricos”, como se autodenomina una buena parte de los habitantes de Tres Ríos, en el cantón de la Unión. Patrimonio de la iglesia Nuestra Señora del Pilar.