Museo Nacional de Costa Rica
Capturas

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He aquí al menos cinco capturas: la de las armas, la de la información aportada por el retrato de un detenido y expedientes judiciales, la de un instante en la vida de una persona privada de libertad, la de tantas memorias de los calabozos de un antiguo cuartel y la del tiempo apresado en la imagen. Es de este modo que la acción de capturar sintetiza la hermandad y complicidad histórica entre la fotografía y la justicia, tema ampliamente estudiado por el artista José Alberto Hernández y que se constituye en eje central de esta exposición.

 

Desde su nacimiento la fotografía fue adoptada como un instrumento al servicio de la ley porque se creía que ella lograba reflejar la realidad de manera imparcial. Pronto la policía tuvo entre sus manos una nueva arma para combatir el crimen, una que también permitía “tener un objetivo en la mira”, “disparar”, “capturar” y “revelar” la “verdad” de los hechos. Sea por esta u otra razón, lo cierto es que desde sus inicios la fotografía y el manejo de armamento comparten un lenguaje común.

No pasaría mucho tiempo para que la sociedad decimonónica admitiera legalmente que la fotografía también podía ser arte, reconociendo tácitamente que la máquina fotográfica era manipulada de acuerdo al criterio y selección de un ser humano. Así que en concordancia con sus fundamentos, la fotografía policial y la fotografía con fines artísticos siguieron caminos diferenciados.

En esta exposición José Alberto Hernández explora las fronteras entre el uso de la fotografía con fines judiciales y el uso de la fotografía para desarrollar un ensayo desde las disertaciones del arte, sobre los objetos, los sujetos y los contextos asociados a la comisión y penalización del crimen…

… La idea del diálogo establece los tres pilares lógicos sobre los que se construye la muestra. El primero supone la reunión de tres colecciones fotográficas en un mismo espacio, creando interacciones dramáticas entre ellas. El segundo se refiere a la inserción de las fotografías en estas habitaciones que en el pasado fueron usadas por el ejército costarricense para vigilar armas y municiones, soldados en entrenamiento y presos políticos, pero ante todo para custodiar la ciudad. Este es el antiguo Cuartel Bellavista, escenario de múltiples sucesos épicos incluidos los de 1948 y 1949 y sitio emblemático del acto mediante el cual de un golpe se abolió el ejército y el cuartel se transformó en sede del Museo Nacional…”

Adriana Collado-Chaves / Curadora

 

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