Museo Nacional de Costa Rica

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No siempre de blanco viene la novia…

Gabriela Villalobos
Historiadora, Dpto. Protección del Patrimonio

Blusa del traje de novia, finales del siglo XIX. Fotografía del Dpto. de Protección del PatrimonioSegún diferentes religiones, el nacimiento, la reproducción y la muerte son los momentos claves del ciclo de la vida de las personas. Por tal motivo los mismos se acompañan de rituales, creencias e indumentaria o uso de colores especiales. 

Para el caso de la tradición católica dominante en Costa Rica, los matrimonios eran un acontecimiento social muy destacado, por eso, no es casual que los viajeros de antaño hicieran referencia a los mismos en su visita al país: este fue el caso de Maurice Waleffe, quien en 1909 describe como fue testigo en una boda en la cual el cura daba la bendición nupcial en la casa, no en la iglesia y al parecer a media noche; después los esposos intercambiaron 13 monedas (las arras) y se daba paso al baile, el cual no podía faltar para una actividad social de tal importancia.

Los trajes, especialmente los de la novia, son de los vestuarios más elaborados que existen, pues supuestamente se usaban solo una vez en la vida, por eso algunos pasaron de generación en generación. En la colección del Museo Nacional se encuentran varios vestidos de novia, el más antiguo es de finales del siglo XIX. Dicho traje fue  fabricado en Nueva York por la casa B. Altman & Co., es un conjunto compuesto por blusa, enagua, cola y zapatos de seda color crema. Aunque en la actualidad se acostumbra el uso  del  color blanco para estos trajes, también se puede utilizar el marfil y el champagne, además del color crema.

Desde la antigüedad, siempre se habían utilizado vestidos especiales para las bodas, no obstante estos podían ser de diversos colores, aunque si tenían que estar bien decorados. El uso del blanco para el vestido de novia es una tradición que se populariza con la boda de la Reina Victoria de Inglaterra en 1840, pues su retrato con vestido de novia blanco, fue una imagen que tuvo gran circulación y  fue extensamente imitada. El blanco pasó a ser el color representativo de la virginidad, aunque era más bien el azul el color que estaba asociado a esta representación; por eso, ese color, o el celestre, es muy usado en las representaciones o alusiones iconográficas de la Virgen María.