Museo Nacional de Costa Rica

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Aportes

Las esferas de piedra: símbolos de nuestra cultura precolombina

Jorge Jiménez Deredia
Artista, escultor

Jorge Jiménez Deredia (izquierda) y Emiliano Antonelli en la zona del Diquís. Fotografía de Juan Carlos Calleja, Dpto. de Museos Regionales y ComunitariosLa masificación cultural hace que las naciones se confundan y pierdan contacto con sus propias raíces, sobre todo las más pequeñas que sufrieron un proceso de colonización. En el mar agitado de la historia contemporánea, algunos países corren el riesgo de perder la visión de su identidad nacional y de que se oscurezca la clara visión de su propio destino.


Para encaminarse hacia un futuro mejor, para mantener su identidad, para no perder sus raíces, las naciones tienen el derecho de apropiarse de sus símbolos, de actualizarlos para explorar el tiempo y el espacio y permitirnos mirar el corazón del hombre, para así construir con sabiduría un sano destino individual y colectivo.

Costa Rica es una nación que elaboró durante su historia profunda, símbolos y mitos propios que organizaron el mundo y dieron sentido a su presencia en él. Creó una plataforma cultural sobre la cual se construyó el proceso de conquista, colonia y modernidad que ha dado una dirección espiritual al pueblo costarricense.

El pasado mes de julio un grupo de expertos, junto al artista Jorge Jiménez Deredia hicieron una gira de evaluación de las esferas in situ. Fotografía de Juan Carlos Calleja, Dpto. de Museos Regionales y ComunitariosA pesar de la orientación espiritual viva en el inconsciente colectivo del pueblo costarricense, los intelectuales que construyeron la colonia y el concepto de nacionalidad decidieron negar la historia profunda de la Costa Rica naciente, estableciendo el punto cero de la historia en 1492. Decisión que origina un vacío de identidad, la sensación de ser huérfanos espirituales.

Los costarricenses tenemos el derecho de apropiarnos de toda la historia que nos habita, tenemos el derecho de luchar para que se reconozcan los símbolos que identifican nuestra visión horizontal y circular del mundo, tenemos el deber de pedirle ayuda al mundo para que se conozcan y preserven los símbolos y los valores que han condicionado nuestra vocación de paz.

La cultura costarricense atraviesa, como muchas otros más en el mundo, un período de crisis ante el avance de la globalidad, que bajo la máscara de una falsa universalidad, amenaza y violenta las culturas del mundo.

Emiliano Antonelli (izquierda) y Jorge Jiménez Deredia en el sitio El Silencio. Fotografía de Juan Carlos Calleja, Dpto. de Museos Regionales y ComunitariosEn momentos así, el fortalecimiento de los símbolos culturales se impone no sólo por la sobrevivencia de cada cultura, sino por la sobrevivencia de todas las culturas, ya que encontrarse a uno mismo es encontrar nuestra humanidad.

Sobre esta base interpretamos el sentido de los Patrimonios Humanos; y sobre esta base también estamos sometiendo a consideración los sitios arqueológicos con esferas de piedra y todas las esferas de piedra creadas por los antiguos indios Borucas, como parte del patrimonio simbólico de la humanidad.

Estos símbolos, enterrados en el olvido por muchos siglos, significan hoy para nuestra cultura un puente de luz en la compleja y difícil búsqueda de nuestras claves culturales y un verdadero revenar de significados para nuestro destino en el mundo.

La amplitud y la fuerza de su simbolismo cultural  vienen a iluminar con nueva luz el sentido de nuestros símbolos nacionales, al mostrarnos la autenticidad de su originalidad y la razón de la perennidad a la que están llamados.

Artista, escultor costarricense Jorge Jiménez Deredia. Fotografía de Juan Carlos Calleja, Dpto. de Museos Regionales y ComunitariosLas esferas de piedra, por su valor simbólico y ontológico, logran insertar toda la variedad de nuestras manifestaciones culturales en un núcleo metafísico coherente, en el que la validez de  las más profundas creencias del pueblo costarricense  encuentra  por fin asidero en la unidad mayor del espíritu humano. Dos grandes y expansivas tradiciones simbólicas se reúnen en ellas: la sacralidad lítica y la ontología esférica.

Nuestros sitios arqueológicos con esferas y todas las esferas construidas por los antiguos borucas,  se integran así a la historia humana y se insertan en los grandes cultos de la prehistoria, en los que los megalitos sirven como itinerarios espirituales de poderío, fuerza, resistencia, perennidad e inmortalidad.

De igual manera, la esfera boruca simboliza para la cultura costarricense un encuentro con los ancestros, con aquellos que estaban antes del 1492, mostrándonos el origen de todos los valores que creíamos  haber “inventado” de la nada en el periodo de formación de las nacionalidades postcoloniales.

En el seno de estas piedras venimos a descubrir la intimidad de nuestro Ser, el secreto de una unidad perdida y ahora recuperada gracias al simbolismo esférico que las caracteriza.Por medio del simbolismo esférico, la piedra de los antiguos borucas se hermana con una filosofía sapiencial que enlaza el espíritu humano tanto de Oriente como de Occidente, lo que le permite a la cultura costarricense descubrir la unidad de lo diverso en sus propias creencias y en su propia fragmentada existencia de sujeto cultural híbrido.

La esfera de piedra constituye para nuestra nación no sólo la clave de la imposible síntesis de sus variadas herencias, sino además el idioma de enlace entre su sujeto nacional y el sujeto cultural que le sirve de inopinada base.

Porque es una mitología de síntesis, la esfera boruca es patrimonio simbólico nacional, pero también patrimonio simbólico de la humanidad.

En ella encuentran cabida las preguntas correctas que el hombre se ha hecho desde el principio de los tiempos: ¿Qué es lo real y cómo me inserto en él? De ahí que ser humano signifique habitar, el habitar es la manera en que los mortales son en la tierra. Porque el ser humano habita cuando construye moradas globales para el espíritu y la esfera en piedra es símbolo de la morada del ser, es un vínculo con el espacio y el tiempo con los mortales y  los inmortales, con el cielo y la tierra, es una apocatástasis que da significado al devenir.

La esfera de piedra boruca nos ofrece un “axis mundi”. Desde este centro de significado podemos leer  y reconocer ahora en la letra del Himno Nacional costarricense el verdadero suelo simbólico en el que vivimos: habitar la tierra es vivir en paz, como vive en paz la esfera que armoniza los contrarios que la habitan, vivir en paz es vivir en armonía con nosotros mismos, con nuestros valores  los cuales deben ser permanentemente fecundados con un trabajo formador del Ser.

Así la esfera boruca evidencia la misma sacra dignidad que los grandes monumentos megalíticos con los que la humanidad ha expresado y sigue expresando su necesidad de eternidad.

La imponencia que alcanzan algunos de estos monolitos circulares considerados entre los más grandes de la historia antigua, la elaboración continua de los mismos por casi 1500 años, la casi perfección de su forma circular, los valores simbólicos y ontológicos que sintetizan y la permanencia irreductible al tiempo de la historia y a la palabra,  califican los sitios arqueológicos con esferas de piedra y todas las esferas elaboradas por los antiguos borucas como patrimonio espiritual del pueblo costarricense y de la humanidad.