Vol. 6 / Nº 6/ edición junio del 2013

Aportes

El ornitólogo Julio E. Sánchez y su fascinación por las tierras altas

Francisco Durán
Biólogo, dpto. de Historia Natural

Julio Sánchez en Tausito,  Cartago, 12-2002. Foto E. LibyEn el Cerro de la Muerte. Se oyen ruidos en el robledal del Cerro de la Muerte, hace frío, mientras trepa por el tronco vertical a la manera de los carpinteros, el trepador cabecipunteado revisa pequeñas acumulaciones de musgo en busca de pequeños insectos o invertebrados para su alimentación, tal comportamiento le ha valido el nombre de “chupalanas” en algunas partes del Cerro de la Muerte.  Cerca de allí hay una especie de alboroto en una piñuela, cae materia vegetal, resulta que allí hay un trepamusgo cachetón, una especie emparentada con la anterior, pero que se ha convertido en un especialista en cazar insectos dentro de las piñuelas o bromelias, tirando hojas y basura en todas direcciones.   

Más abajo también hay actividad, pasa una bandada de tangaras de monte cejiblancas, vuelan entre la vegetación, a veces en bandadas mixtas con aves de otras especies, y más abajo en el suelo, cubierto de hojas de roble, un zorzal piquinegro da pequeños saltos, pasa sin ser visto y sigue su búsqueda de insectos.  Revoloteando entre la vegetación también se ven un par de ejemplares de la candelita collareja, llamado también “amigo de hombre”, porque en ciertos sitios su comportamiento es relativamente manso frente a las personas, llegando incluso a seguirlas, al parecer para capturar insectos que estas ahuyentan a su paso.

Myioborus  torquatus (San Gerardo-Dota 11-2003). Fotografía de Julio SánchezTodas son aves frecuentes en tierras altas.  Hay otros ruidos ajenos normalmente al sitio, dos personas colocan algunas redes de niebla en los senderos para registrar las aves.  Ya es tarde pero hay que dejar las redes colocadas para la mañana siguiente.  A veces recibo una breve regañada por alguna cosa, me exaspero, pero no digo nada y seguimos colocando las redes hasta terminar.  Aún es de día pero ya se oscurece algo el bosque, en eso se escuchan  unos silbidos.  Julio E. Sánchez que es el ornitólogo, me comenta sobre  los silbidos de la Zeledonia y de una confusión en algunos casos con los sonidos de llamadas de los zorzales o jilguerillos de tierra con esta especie.

En ese robledal por vez primera observé junto con Julio, una bandada de las urracas gorgiplateadas, esta especie es endémica de Costa Rica y Panamá.

Estas pasadas experiencias en esas zonas altas son una especie de pincelada de la fascinación que despertaron las tierras altas del país y su avifauna en el ornitólogo Julio E. Sánchez, fallecido el 30 de abril del 2013.  La Zeledonia mencionada anteriormente, es un ave endémica o que solo habita en tierras altas de Costa Rica y Panamá, que lleva su nombre en honor al ornitólogo costarricense José Cástulo Zeledón quien fue el que la recolectó por vez primera, en otras ocasiones más tarde vimos la Zeledonia camino a Providencia de Dota y en el volcán Barba.  No de casualidad el ave emblema escogido para símbolo de la Asociación Ornitológica de Costa Rica, llegó a ser la Zeledonia.

Catharus  gracilirostris (Ojo de Agua de Dota 09-2003) Fotografía de Julio Sánchez, Dpto. de Historia NaturalGran parte de las giras de campo de Julio, eran precisamente a esas zonas, y  en más de una ocasión comentaba que le gustaban las tierras altas.  Una vez conversando con el ornitólogo japonés Kazuya Naoki, ahora radicado en Bolivia, Julio comentó: “Me gustan las tierras altas, pocos bichos molestos, pocas serpientes…”, antes de que terminará, Naoki le dijo en son de broma: “No hay aves tampoco, ese es el problema”.  Por supuesto,  en la realidad a ambos les fascinó, igual que a muchos de nosotros, la composición singular de la avifauna de tierras altas con muchas especies propias solo de Costa Rica y Panamá.  De hecho Naoki escribió un artículo en que tomó observaciones en el Cerro de la Muerte sobre el pinchaflor plomizo, una especie que perfora la corola de las floras y toma el néctar por decirlo así, sin polinizar, ni hacer ningún servicio a la flor.

Julio se interesó de manera  especial por algunas aves, como el quetzal en la zona de San Gerardo de Dota y el pájaro campana en Monteverde.  Siempre sintió gran interés por el curioso ciclo entre el ave llamada científicamente Acanthidops bairdii y las semillas del bambú de altura de que se alimenta.  Hizo algunas observaciones al respecto y le gustaba hablar de eso.  De hecho llegó a escribir la descripción del nido y los huevos de esta especie, junto con el ornitólogo Daniel Hernández también funcionario del Museo e igualmente fallecido, y publicado en la revista Brenesia del Museo Nacional.

Los extraños ruidos nocturnos de las niebla

Acanthidops bairdii (Ojo de Agua de Dota 09-2003). Fotografía de Julio Sánchez, Dpto. de Historia NaturalCuando estuvo interesado en vocalizaciones de aves, existía un ave que quería buscar en las zonas altas.  Pero era en horas de la noche cuando podía oír sus vocalizaciones.  Entonces una fría noche en San Gerardo de Dota, salimos por el camino que sube hacia la carretera principal, en una zona algo abierta rodeada de potreros y fragmentos de bosque.  Poco después se oyó un silbido o grito.  Era esa el ave buscada, una especie de lechuza, la lechucita parda, una especie difícil de encontrar y propia de las tierras altas.

Por supuesto otras especies no escaparon a la atención de Julio, como el curioso canto del chotacabras sombrío, tan curioso como el nombre que le daban en el cerro de la Muerte: “Tres cobijas”, como una especie de onomatopeya de su canto.  En otra ocasión en el volcán Barba, junto con el naturalista Leonardo Chaves, desde la casa albergue oímos un sonido fantasmagórico que parecía de un ave, pero nos indicó que era la vocalización del cacomiztle, un curioso familiar del mapache.

El primer manigordo

En la región de TLeopardus pardalis (Zoológico Simón Bolivar 09-2003). Fotografía de Julio Sánchez, Dpto. de Historia Naturalausito, una pintoresca zona del cantón de Paraíso de Cartago, aunque no tan alta como la anterior, Julio también tuvo interés.  El libro de aves de Tapantí es de un área similar.  Varias veces estuvo allí en giras de recolecta u observaciones, al mismo tiempo que compartía conversaciones con un vecino del sitio, en su trapiche, mientras se daban los procesos de molienda de la caña, las pailas hirviendo y los ágiles operarios vertiendo la dulce masa en los moldes de donde saldrían las tapas de dulce.  Allí al tipo de dulce llamado “sobado” le decían el pintoresco nombre de “perica”.

En una de nuestras giras buscábamos en especial algunas aves como el Aphanotriccus capitalis, una especie de mosquerito propia de Costa Rica y Nicaragua.  Una de esas mañanas, aunque soñoliento todavía, subimos Julio y yo la cuesta desde la cabaña donde estábamos hasta el bosque donde pondríamos las redes.

Estando en esta operación volví la vista hacia el sendero, no había nada claro, aunque de pronto algo salió de la maleza con la velocidad del rayo y se paró en el centro;  no era otro que un buen ejemplar de manigordo, le indiqué a Julio que estaba a la par mía, pero el animal inmediatamente desapareció saltando al otro lado del sendero, sin hacer ruido, ni el más mínimo; nos acercamos y ni siquiera se veían huellas, fue como un fantasma, Julio no lo vio pero atinó a decirme:  “Ese manigordo fue un premio”.  Fue en efecto el primer felino salvaje que yo observaba, algo difícil de olvidar.

Volviendo al robledal del Cerrro de la Muerte, después de que termináramos de poner las redes ya casi no había vocalizaciones de aves.  Gran parte del día sonaron las notas monótonas e intermitentes del colibrí orejivioláceo verde, ¿de dónde saca tanta energía un cuerpo tan pequeño?  Muy arriba quizás pasaron volando sobre el dosel un par de pitoreales, para variar también especie restringida a Costa Rica y Panamá.  Sin embargo era solo el paso de una jornada a otra, ya que pronto empezarían los sonidos del chotacabras sombrío y  tal vez algunas lechuzas.

 
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Horario: De martes a sábado, de 8:30 a.m a 4:30 p.m. Domingos de 9 a.m. a 4:30 p.m. Lunes: Cerrado.

Tarifas: Nacionales adultos ¢1500. Entrada gratuita para estudiantes, menores de 12 años y adultos mayores de 65 años con identificación / Extranjeros: $8, estudiantes extranjeros identificados $4.

Tels: +506 2257-1433 - Fax: +506 2233-7427 - Aptdo: 749-1000 San José, Costa Rica.

Dirección: Avenidas Central y Segunda, San José, Costa Rica. Entrada principal: Por la fachada oeste-Plaza de la Democracia.

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