Museo Nacional de Costa Rica

Tema del Mes

Luis Diego Gómez Pignataro
1944-2009

Mariela Bermúdez
Jefe, dpto. de Proyección Museológica

Luis Diego Gómez en el Herbario Nacional. Fotografía de la Colección del Museo NacionalPara describir a Luis Diego, podemos decir con toda propiedad que fue un naturalista por excelencia, pero fue mucho más, porque sus conocimientos en otras disciplinas fueron abundantes, fue un estudioso y un explorador innato de la naturaleza, pero también un humanista, un sabio.

Nació en Turrialba en 1944, y probablemente desde muy niño, la curiosidad  y su deseo de explorar lo  llevaron a incursionar en la espléndida naturaleza de su pueblo de origen. Él mismo contaba como en su niñez se deleitaba incursionando en los alrededores y cuidando animales silvestres.

Muy grande fue el aporte que Luis Diego dio a la biodiversidad costarricense, una vez que realizó estudios en el exterior y regresa al país, se dedica a explorar lugares inhóspitos, como la expedición que realizó durante cuatro meses a la Isla del Coco a inicios de los 70.     En ese mismo año  se integra a laborar al Museo Nacional, como jefe del departamento de Historia Natural, sin embargo el 4 de julio de 1972, la Junta Administrativa del Museo lo nombra  director general, cargo que desempeña hasta 1985, manteniendo el recargo de la jefatura de la Sección de Historia Natural.

A la izquierda Rafael Chacón, asistente de Luis Diego Gómez y actual funionario del Museo. De pie Luis Diego Gómez. Fotografía proporcionada por Ana Lucía ValerioTuvo también una influencia muy  fructífera en la Organización para Estudios Tropicales, ya que de 1986 a 2005 fue Director de la "Estación Biológica Las Cruces"  y   del año  2003 a 2005 fue Director de la "Estación Biológica La Selva". Se mantuvo además muy activo como docente, ofreciendo cursos tanto en la OET como en las universidades públicas del país, y dictando conferencias tanto dentro como fuera del país. 

Con Luis Diego se aprendía con  solo escucharlo hablar.  En el año 1979 dictó el curso de Historia Natural en la escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica, en que fue mi profesor; no se me podrá olvidar nunca que llegamos al Parque Nacional Santa Rosa a las 6 de la mañana, luego de haber salido de San Pedro el día anterior a las 11 p.m.  Nos dio un rato libre para armar el campamento y nos citó  en el campo, en uno de los senderos; en ese momento se dedicó a enseñarnos cosas y sin darnos cuenta caminamos casi 6 horas hasta llegar a playa Naranjo, sin agua y sin merienda. El lío posterior fue devolvernos ya casi de noche  y en dirección ascendente. Muchos  de los estudiantes fuimos prácticamente “quedando en el camino”, mientras Luis Diego no se inmutaba ni se cansaba. A la mañana siguiente, eso sí, hacía su hora de yoga y meditación y continuaba con sus disertaciones sobre cualquier insecto, planta o cuanto ser vivo se pusiera en el camino.

En su paso por el Museo Nacional, Luis Diego rejuveneció las colecciones de Historia Natural, ya que a su llegada, la sección de Historia Natural no estaba en su mejor momento; procuró el ordenamiento y registro de éstas, así como el enriquecimiento por medio de colectas más sistemáticas. Además, logró la ampliación del espacio para éstas, mediante la construcción de un edificio que más tarde se demolió para construir la Plaza de la Democracia. En sus informes del Museo Nacional  de los años 1971 y 1972 da cuenta de las acciones realizadas en cada una de las colecciones de Historia Nacional, a partir de su ingreso al museo. A pesar de que su fuerte o su pasión eran las colecciones del herbario y la de geología, se preocupó porque las colecciones de entomología y de aves y mamíferos fueran mantenidas e investigadas, para lo cual buscó colaboración en estudiantes y  científicos jóvenes que se encargaron de remozarlas. 

Otro punto muy importante fueron la cantidad de relaciones que estableció con instituciones internacionales para apoyar la labor científica del Museo Nacional, podemos citar entre estas el Missouri  Botanical Garden, el Kew Garden, la National Geography Society, con la cual inició una investigación en los páramos al sur del cerro Dúrika hasta el Macizo de Fábrega en Panamá. Incursionó en el mundo de los hongos, sobre todo Agaricales  y trabajó en conjunto con el Dr. Rolf Singer del Field Museum de Chicago en un proyecto sobre la Micología de los Páramos. El páramo costarricense fue uno de sus “consentidos”, y lo exploró y estudió bastante. Los helechos también fueron su pasión. 

En el año 1971 le hace una propuesta a la Junta Administrativa del Museo para fundar una revista especializada en ciencias naturales que permita divulgar el quehacer en las ciencias naturales de los biólogos costarricense y de la región circundante, debido a la dificultad de estos de contar con medios accesibles de publicación. Propone que se le llame Brenesia en honor al botánico costarricense Alberto Brenes, quien siempre fue su inspiración. 

“El Museo Nacional, como institución depositaria y transmisora del patrimonio cultural de un pueblo debe contar con un órgano de difusión. La División de Historia Natural desea sugerir a la Junta Administrativa , el apoyo para editar una revista semestral, que contenga artículos de Ciencias Naturales, de preferencia los nacionales, que lleve nuevos conocimientos al pueblo  y sobre todo, al mundo intelectual y científico. Sugerimos que dicha publicación lleve el nombre de BRENESIA, en honor de don Alberto Brenes, recientemente declarado Benemérito de las Ciencias en nuestro país y quien contribuyó tanto al conocimiento de nuestra flora y fauna”.      (Informe Museo Nacional 1971).

Y siendo aceptada su solicitud, la revista Brenesia cumple este año 40 años de circulación, lo cual es un tributo a Luis Diego, ya que su proyecto se ha mantenido a lo largo de los años y ha dado excelentes aportes al mundo de las ciencias naturales en nuestra región y en todo el mundo en general.  

Luis Diego también incursionó en las colecciones de geología. La sección de geología cuando él llegó al museo, estaba muy incompleta, él adecuó sus horarios para hacerse cargo tres tardes por semana, tal como indica en un informe de 1972,  para  identificar y estudiar muestras de rocas y minerales de Costa Rica. En esa época hizo público el hallazgo de un primer récord mundial de un fósil de la familia Bromeliaceae y publicó bastante sobre moluscos fósiles en colaboración con Carlos Valerio.   

En el tiempo en que Luis Diego estuvo en el Museo  varias decenas de biólogos pasaron por estas instalaciones y en conjunto con él enriquecieron las colecciones, no tengo memoria para citarlos a todos y el dato lo he repasado con Flor Vargas, quien fue su secretaria casi por ocho años, pero lo acompañaron en su estancia en el Museo Jorge Gómez Laurito, Jorge Poveda, Francisco Fallas, Isidro Chacón, Rafael Ocampo, Gerardo Herrera, Pablo Sánchez, Teresita Aguilar, entre otros, además de su inseparable asistente de campo Rafael Chacón, quien prácticamente ingresó al Museo a laborar de “pantalones cortos” y que este año también cumple 40 años de ser colaborador de la institución.

Este mes de noviembre se recuerdan tres años de su partida, por lo que en este apartado del boletín hemos querido reconocer el valioso aporte que como naturalista y humanista dio al Museo Nacional y a las generaciones que tuvimos el honor de ser sus estudiantes o bien de colaborar con él en su aventura por la vida.