Museo Nacional de Costa Rica

Tema del mes

Orígenes y costumbres del pasito navideño

Priscilla Chacón Orozco

Diseñadora

Pasito del Museo Nacional. Fotografía del Dpto. de Proyección MuseológicaEsperamos la Navidad todo el año, con gran anhelo decoramos con luces y guirnaldas, compramos los regalos y disfrutamos de la rica cena que preparan nuestros familiares.

La mayoría de las personas creerían que la celebración del 25 de diciembre se originó con el nacimiento de Jesús, pero en realidad data de muchos años atrás. El origen de la Navidad desciende de una festividad pagana que se realizaba en el solsticio invernal en honor al Sol Invencible, en donde la gente celebraba la fertilidad y se realizaban rituales dedicados al Sol y a la Luna. Por el año 313 d.C. debido al gran aumento de cristianos en el área mediterránea, se emitió en Roma el edicto de Milán que estableció la libertad de religión en el Imperio Romano y desde ese momento la religión cristiana empezó a tomar fuerza, hasta llegar a convertirse en la religión oficial del Imperio. Fue entonces cuando “…la Iglesia Latina, es decir la de Roma, aceptó celebrar el nacimiento de su fundador el día 25 de diciembre…. su propósito fundamental fue el de transferir la devoción que practicaban los gentiles en su culto al Sol Invencible y llevar esa devoción hacia Jesús, a quien llamaban Sol de la Rectitud.” (Ferrero, 2003, p. 16).

Ahora bien, no se puede hablar de la celebración de la Navidad sin tener en cuenta un elemento tan importante como lo es el portal. Sus orígenes se remontan al siglo XIII y representa el fundamento del porqué de la celebración de la Navidad, es la representación del nacimiento de Cristo. Según Luis Ferrero, a San Francisco de Asís se le atribuye la representación en bulto del primer pasito. Otros dicen que fue en el año 1223 d.C. El pasito está conformado por esculturas representando a la Sagrada Familia, la mula y el buey; a éste conjunto de figuras el costarricense suele llamarlo pesebre o belén y portal a la representación del establo junto con las esculturas.

El portal era utilizado en la época antigua, primeramente en Roma como método para enseñar el nacimiento de Cristo a los que no sabían leer, por lo que el belén se llenó de simbolismos y empezaron a agregarse más figuras. Se estableció que debían colocarse adicionalmente a la Sagrada Familia, el buey y la mula: doce ovejas, tres pastores, dos sibilas, dos profetas, siete ángeles y cuatro árboles. 

La tradición del portal es ubicar a María y José antes de la Nochebuena, exceptuando al Niño Dios, el cual se coloca la noche del 24 de diciembre. De la misma manera se ubican los tres reyes magos de camino al pesebre, y el 6 de enero se ubican al lado de la Sagrada Familia, fecha en la cual se celebra el último rezo del duodenario, concluyendo así la época navideña. 

En Costa Rica, la colocación del portal en la época colonial implicaba una serie de actividades que involucraban comida, rezos y visitas frecuentes de los familiares y vecinos que venían a contemplar los portales. Esto lo menciona muy claramente Ferrero cuando afirma que el portal “constituyó un elemento de vinculación social y un elemento de “policía”… que equivalía a vivir en sociedad.” (p. 38).

Según el autor, en aquellas épocas el rezo al pie de los portales se realizaba diariamente por doce días a partir del 24 de diciembre, siempre acompañado de un refrigerio. Después del rezo las mujeres encendían teas y recorrían la casa para ahuyentar los rayos, los incendios y enfermedades de las personas que allí vivían. Igualmente los hombres prendían sus teas y recorrían los cultivos derramando las cenizas entre las eras. Esta “costumbre” sobrevivió a la época pagana en donde se celebraba al Sol Invencible con los fuegos solsticiales invernales, allá en el mediterráneo europeo. 

La preparación del pasito costarricense ha sido una actividad familiar, en donde  cada pieza es ordenada para la contemplación. El portal debe cargarse de aromas y colores; los frutos y las flores son colocados frecuentemente al pie del nacimiento. También se acostumbraba sembrar en latas o frascos de vidrio granos de maíz, linaza, alpiste, frijoles y otras semillas que simbolizaban las fuerzas genésicas de la naturaleza. De esta manera se puede decir que los portales en Costa Rica nada asemejan a los paisajes de tierras áridas de Jerusalén. La Sagrada Familia se encuentra rodeada de una escenografía tropical; las flores, musgos, riachuelos y frutos acompañan las esculturas que celebran el nacimiento de Jesús.

El portal es, por lo tanto, un reflejo de nuestra idiosincrasia, de nuestra identidad nacional, y a través de los años esta tradición conformadora de una mentalidad colectiva ha ido perdiendo su verdadero significado. Así como lo menciona Ferrero: “La Navidad es la fiesta más pura y gran fermentadora de la sociabilidad.” (p.  VIII).  La individualidad, la indiferencia y la actitud consumista del costarricense han deteriorado el significado esencial de esta celebración de fin de año. El portal debe ser un recordatorio de los buenos deseos de nuestros abuelos y bisabuelos que rezaban por los pobres, los enfermos y desvalidos, porque éstas son sin duda épocas de reflexión y gratitud.

Referencia: Ferrero, Luis. “La Navidad en Costa Rica”,
2003. EUNED, San José, Costa Rica.