Vol. 6 / Nº 6/ edición junio del 2013

En detalle

 

Voces de la noche y de leyenda, el mundo de los sonidos de animales nocturnos

Francisco Durán
Biólogo, Dpto. de Historia Natural

El bosque no duerme, sueña.
El río no duerme, canta
Conrado Nale Roxlo, Nocturno

Majafierro. Nombre científico: Glaucidium brasilianum. Fotografía del Dpto. de Historia NaturalUna de las sensaciones más inolvidables de una noche en el bosque es la gran cantidad de sonidos desconocidos de animales, maravillosos y a veces, atemorizantes que se pueden oír.  De hecho los sonidos nocturnos han dado paso a numerosas leyendas y creencias.  Sin embargo eso es parte de lo interesante de estas voces de la noche.  Daremos un breve recorrido por este mundo nocturno y la fascinación de vivirlo.

Primero están sin duda las aves.  Ya son conocidas las lechuzas y su clásico “hu-hu” de las fábulas, pero lo cierto es que es sorprendente la gran variedad de los sonidos de estas aves nocturnas.  Desde el  intermitente sonido metálico de la lechucita llamada majafierro, pasando por el sonido similar a la risa del búho de anteojos, hasta el espeluznante sonido de la lechuza ratonera, parecido a un lamento, lo que al parecer ha dado pie a la creencia de la mona, un animal espectral de Guanacaste, que persigue a los hombres que se aventuran a salir de noche por caminos solitarios.  En parte por esos sonidos, y sus costumbres nocturnas las lechuzas son protagonistas de todo tipo de leyendas en todo el mundo.

Cuyeo. Nombre científico: Nyctidromus albicollis. foto cortesía del Dpto. de Historia NaturalMuy conocidos son los cuyeos, aves nocturnas que repiten su canto “cuyeo-cuyeo”, mientras cazan insectos en los caminos solitarios.  Han sido protagonistas de una leyenda según la cuál pierden a los caminantes al ser seguidos por estos, debido a su costumbre de que cuando una persona se acerca, alzan vuelo y solo se alejan unos pasos adelante, aunque nada más lejos de la realidad.  Son aves muy interesantes y le dan una nota de vida a los caminos rurales.  Otros misteriosos sonidos, son los de las aves conocidas como pájaro estaca o nictibios, similares a los cuyeos pero con la costumbre de permanecer inmóviles sobre ramas simulando palos secos, lo que ha dado origen a su nombre común.  De ellos el gran nictibio grande da un sonido de tal intensidad, que hay gente que lo ha confundido con un gran gato como un jaguar.

Menos conocidos en otras regiones del país, pero si mucho en Guanacaste es el alcaraván.  Un ave de largas patas y grandes ojos amarillos, de otro grupo muy diferente de aves, pero que también prefiere las horas de la noche para sus correrías nocturnas.  Es terrestre y solo alza el vuelo si es molestado.  Entonces busca en el suelo sus presas que consisten en insectos y otros invertebrados.  Emite una serie de graciosos gritillos al alzar vuelo.  Entre los aborígenes australianos una especie parecida a esta ha dado pie a la creencia de que debido a que a veces solo se escuchan los sonidos alejándose sin ver al ave, estos sonidos son espíritus que se esconden entre la maleza.  Sin alejarse mucho de Australia, otra creencia está relacionada con el sonido de una garza, el avetoro australiano, que por su rareza es considerado un augurio de muerte o enfermedad.  Algunos de estos inquietantes sonidos nocturnos son los que han sido relacionados con los bunyips, extraños seres, siniestros habitantes de los pantanos, de terrorífico aspecto y que devoraban a los incautos que se acercan a estos parajes.

Ratón cosechero. Nombre científico: Reithrodontomys sumichrasti. Foto cortesía del Dpto. de Historia NaturalA veces estos sonidos dan pie a la creencia en criaturas míticas, como el caso de el sonido de la garza tigre de cresta blanca del país africano de Liberia, asociado por los indígenas con una serpiente gigante del pantano.  Y viajando esta vez a Europa, los sonidos de aves como gansos y otras aves migratorias, son atribuidos por la fantasía y el folclor a unos perros fantasmales llamados Gabriel ratches o Hell howlers (Aulladores infernales), descritos como grandes perros aterradores y con cabeza humana, que aúllan mientras andan en el aire a gran altura, sobre los pueblos, llegando en ocasiones a ser presagio de desdicha o muerte.  No hay que ir muy lejos para encontrar un caso también singular, pues en Costa Rica algunas personas han relacionado los chillidos de las aves migratorias, con la leyenda del Pollito de las Animas, también un ser de presagio de muerte.  Estos chillidos son de diferentes especies de reinitas y otros pájaros, que aunque diurnos, efectúan sus vuelos de migración durante la noche.

También los mamíferos tienen un mundo fascinante de sonidos nocturnos.  Uno de los más conocidos es sin duda el coyote.  El aullido de esta especie y su pariente de las zonas del norte de la tierra, el lobo, han despertado siempre el temor de las gentes, siendo a veces considerado de mal augurio.  En una narración de un novelista costarricense, Pedro Arnaéz, se lee: “Lejos, el grito de un coyote, erizado de escalofrío, se sumió a los rumores de la selva.  Pedro Arnaéz se incorporó bruscamente.  Aquel animal venteaba la muerte.  Sus quince años le temblaron de miedo.  Ahora sentía el frío dentro de las carnes, por los huesos, recorriéndole los nervios.”  Sin embargo de forma pintoresca el español Rodríguez de la Fuente nos cuenta como para los primeros colonos norteamericanos que cruzaban el antiguo Oeste, el sonido de los coyotes era un buen augurio, pues mientras se escucharan sus aullidos en torno al campamento, indicaba que no había presencia humana cerca que los ahuyentara, y no había que temer los ataques nocturnos de los indios, pero en caso de haber silencio era preciso intensificar vigilancia.

Siguiendo con los sonidos de mamíferos, el dosel de nuestros bosques es recorrido durante las horas de la noche por todo un universo de interesantes seres que además tienen diversas vocalizaciones, que no pensaríamos que pertenecen a un mamífero.  La martilla es uno de ellos, y aparte de su aparatoso paso por las copas de los árboles, emite una serie de chillidos o gritillos  intermitentes.  Incluso entre indígenas colombianos se dice que si escuchas estos gritillos de día, es señal de muerte para algún vecino cercano.  Aún más extraño es el sonido, que recordaría a una especie de lechuza o alguna ave nocturna, del cacomistle u ostoche.  Es otro de los parientes del conocido mapache.  Solo que este es mucho menos conocido, dependiente de los árboles y ágil trepador nocturno.  De cabeza parecida a un zorro y una cola anillada, lo convierten en uno de los miembros más atractivos de nuestra fauna.  Aún se pueden escuchar sus extrañas vocalizaciones en sitios como los cerros de Escazú o el volcán Barva.  Otros que a veces dejan oír sus silbidos en la noche del bosque son los ratones cosecheros, que salen a buscar semillas e insectos a veces cerca del suelo del bosque, o en las ramas de los árboles.

También se da el caso de que animales de costumbres diurna, que de vez en cuando dejan oír su sonido en la noche, dando más vida a esa hora.  Tal es el caso de la gallina de monte o tinamú y su silbido largo, los monos carablanca y sus ladridos, o incluso el mono congo y su gran voz, que puede ser escuchada a gran distancia.  Incluso en tu ciudad quizás hayas escuchado las notas características del pájaro conocido como comemaíz, rompiendo el silencio, después de un ajetreado día en la ciudad.

En cualquiera de los casos de un viaje al bosque vale la pena dejar el radio en casa.  El mundo de los sonidos tanto nocturnos como diurnos silvestres es otro interesante aspecto en que los naturalistas fijan su atención.  Por medio de los sonidos se reconocen especies de aves, ranas, mamíferos e insectos entre otros.  Y aunque no se tenga experiencia en la identificación de los mismos siempre es parte de la llamada del bosque y de que allá adentro del verde follaje hay vida de la cuál maravillarnos.

 
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Visite el Museo Nacional de Costa Rica

Horario: De martes a sábado, de 8:30 a.m a 4:30 p.m. Domingos de 9 a.m. a 4:30 p.m. Lunes: Cerrado.

Tarifas: Nacionales adultos ¢2 000. Entrada gratuita para estudiantes con carnet, menores de 12 años y adultos mayores de 65 años con identificación.

Extranjeros: Tarifa general $9. Estudiantes extranjeros identificados $4.

Tels: +506 2257-1433 - Fax: +506 2233-7427 - Aptdo: 749-1000 San José, Costa Rica.

Dirección: Avenidas Central y Segunda, San José, Costa Rica. Entrada principal: Por la fachada oeste-Plaza de la Democracia.

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