Museo Nacional de Costa Rica

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En detalle

De seres fantásticos y ratones silvestres

Francisco Durán
Biólogo, Dpto. de Historia Natural

Rata de Bolsa o Heteromys desmarestianus. Foto cortesía del Dpto. de Historia NaturalDesde hace milenios el folclor, mitos y leyendas de los pueblos de gran parte del mundo vienen dando cuenta de la existencia de toda una serie de seres extraños, con características tan dispares y controvertidas como su variedad.  Tan variados como ellos son sus nombres de acuerdo al país o la zona: duendes, elementales, la gente pequeña, elfos, gnomos, hadas, sílfides, ninfas, trolls, brownies, dríades, los buenos vecinos, leprechaum, y toda una serie de nombres de acuerdo a su naturaleza, aspecto e intenciones.  Aunque no son inmortales si viven mucho más que los humanos,  no tienen una determinada naturaleza moral y pueden ser de pronto generosos y compasivos tanto como siniestros y malvados. 

El folclor de los países nórdicos es sumamente rico en este tipo de seres mitológicos.  Con la llegada de los españoles llegaron también sus leyendas, y no es casualidad el parecido de algunos de nuestros mitos con los de su lugar de origen,  solo basta examinar los puntos similares entre las leyendas de la construcción del puente de piedra de Costa Rica y la del acueducto de Segovia de España. 

Sin embargo examinando este curioso grupo de seres de leyenda, es sugestivo que sus hábitos y variedad hacen pensar que no es un mito del todo.  No se trata de la posibilidad de su existencia,  pero si que de nuevo en ocasiones la realidad supera a la ficción; a veces no es necesario inventar a los seres extraños, en nuestros bosques formando parte de nuestra fauna hay toda una serie de pequeños habitantes que bien nos podrían recordar a inquietos duendes. 

Ratón Cosechero, nombre científico Reithrodontomys sumichrasti. Foto cortesía del Dpto. de Historia Natural.La fauna silvestre de Costa Rica incluye cerca de 230 especies de mamíferos.  De estos la mayoría sin duda son los murciélagos con más de 100 especies.  El segundo lugar, con más de 40 especies, lo ocupan los roedores donde se incluyen los ratones de campo o silvestres, además de las ardillas, guatuzas, taltuzas y los perseguidos tepezcuintles,  pero la mayoría son los pequeños ratones silvestres. 

Con tanta variedad de formas, son tan diversos que bien podrían semejarse a los verdaderos duendecillos de la leyendas, pues como ellos son escurridizos, la mayoría nocturnos, traviesos y no se sabe cuando o por donde saldrán, pero si te pones a conocerlos un poco mejor, verás que no son lo mismo que las ratas de alcantarilla de las urbes mundiales, que se convierten en el azote de la gente.  A veces incluso son revestidos de las más astutas cualidades, se asegura que en 1880 se observaron ratas robando huevos en parejas, donde una de las ratas se abrazaba al huevo con sus cuatro patas, mientras la otra jalaba a su compañera con el huevo hacia su escondrijo, anécdota curiosa, pero que hoy día no tiene pruebas.

Sin embargo las ratas blancas han mostrado ingenio en resolver algunos dilemas en el laboratorio para acceder a la comida.  Todavía en un texto de 1968 se escribe de esta forma sobre el ratón casero: “Es pacífico, curioso, alegre, inteligente y se da perfectamente cuenta de si se le tolera o no…Es muy sensible a los sonidos armoniosos, que le hacen abandonar su escondrijo y olvidar temores”.  Este texto muy antropocentrista, aunque no erróneo del todo si se le examina con atención, muestra la inconciente simpatía que a veces existe hacia estos seres, así como el odio que provocan. 

Ratón Cantor, nombre científico Scotinomys teguina. Foto cortesía del Dpto. de Historia Natural.Vamos a recorrer un poco el cuento de hadas de los ratones de campo, que no es mágico, pero si extraordinario al ver su similitud con los personajes de los cuentos.  Primero habrás oído de los clásicos y comunes duendes de los bosques.  Escurridizos, nocturnos y corriendo sin parar por el suelo del bosque, a veces acercándose a las habitaciones humanas y robándose objetos.  Tanto así que en Murcia, España,  se cuenta de duendecillos de las casas que reciben el nombre de “Ratones Coloraos”, precisamente por convertirse en ratones para disimular más su presencia, si bien tienen una ocupación bienhechora, la de entretener y cuidar a los niños muy pequeños de la casa, éstos son los únicos que pueden verlos. 

Algunos de los ratones de campo del bosque costarricense en efecto tienen costumbres similares, solo basta conocer al ratón pata blanca, al ratón cantor o al ratón cosechero.  Activos, infatigables recorren el bosque de noche o de día (como el caso del ratón cantor).  A menudo llegan a encontrarse cerca de las casas que bordean el bosque, convirtiéndose de vez en cuando en traviesos “duendes” robando comida o dañando papeles. 

Sin embargo representan un importante componente en la biodiversidad del bosque costarricense al servir de presa a depredadores, devorar insectos, frutos y semillas, y es posible su participación en algunos procesos como la dispersión de las semillas como el caso de la rata de bolsa, que guarda las semillas de que se alimenta en unas bolsas de piel junto a sus mejillas y las trasporta a su madriguera.

Ratón Pata Blanca, nombre científico Peromyscus mexicanus. Foto cortesía del Dpto. de Historia Natural.Siguiendo con el viaje por los seres fantásticos también dentro del folclor nórdico se habla de las dríades, especie de hadas que custodian los árboles del bosque.  Según la tradición, cada dríade protege un árbol determinado, es como el espíritu del árbol y si el árbol es destruido, la dríade también deja de existir. 

Tan dependientes del  bosque como las dríades podrían ser los ratones arborícolas.  En efecto son especies que principalmente se encuentran en las ramas de los árboles, aunque a veces son capturados en niveles bajos del bosque.  Aquí encontramos a la graciosa rata vespertina de larga cola (que sin duda la ayuda de balancín en su marcha por las ramas de los árboles), grandes bigotes y un bonito color café claro.  Se alimenta de frutos, semillas e insectos.  También se encuentra una rata de gran tamaño, la rata trepadora, que en las noches anda en busca de frutos, hojas, semillas y la corteza de los árboles. 

No podemos terminar el viaje después del suelo del bosque y las copas de los árboles, sin pensar en el medio acuático.  Aquí no es la excepción con los seres elementales.  En efecto, de nuevo la leyenda nos habla de las lamias, las glaistig o las feideall, todas fatales hadas de agua que ahogan a los hombres desprevenidos.  Pero mis favoritas son unas pequeñas y graciosas hadas: las asrai, quizás las más bondadosas de todas las hadas.  Según la tradición nórdica, juegan entre las flores cerca de arroyos y ríos, cantándole dulces canciones a la luna, y a pesar de su belleza juvenil tienen muchos siglos de vida, pero al ser capturadas mueren irremediablemente.  Sin embargo solo pueden salir a la superficie y aparecerse una vez cada siglo. 

Pues bueno, ¿qué tienen que ver los elementales del agua con los ratones?  En efecto en este medio también se desenvuelven de forma escondida y tan escurridiza como las asrai, unas pocas especies de ratones maravillosamente adaptados al medio acuático.  Incluso son tan raros, o por lo menos tan elusivos, que pocas veces han sido capturados. 

En Costa Rica existen dos o tres especies de estos curiosos roedores.  Incluso dos especies solo se hallan en Costa Rica y Panamá.  Se alimentan de insectos acuáticos, tal vez capturen pequeñísimos cangrejos o camarones de río.  Sus patas traseras poseen membranas entre los dedos y sus orejas se han reducido de modo que su cuerpo tiene menos superficie que oponga resistencia en el agua al nadar.  Es posible que sean activos tanto de día como de noche. 

A veces no es necesario creer en fenómenos o seres paranormales, si ya la realidad nos ha legado toda una galaxia de fascinantes criaturas y hechos.  Sin embargo las leyendas y tradiciones son riquezas culturales de la humanidad que deben ser conservadas con orgullo. 

Algunas enseñanzas de este mundo de fantasía debieran ser tomadas en cuenta.  Se dice que al ser derribado un árbol, se muere el hada dríade que lo cuida.  Se dice que entonces los que provocaron la muerte de la ninfa podían ser castigados, en ocasiones con la muerte.  ¿Acaso muchas veces la destrucción del bosque no nos ha traído problemas ambientales o hasta económicos?  No por causas mágicas, pero si por causas ecológicas que cuesta que se comprendan sea por pereza, apatía, ignorancia o incluso por intereses de otro tipo.  A veces los cuentos y leyendas llevan enseñanzas que quizás vale la pena volver a mirar, aunque sea en una tarde de domingo.