Vol. 6 / Nº 6/ edición junio del 2013

Aportes 

¿Una ciudad observadora?

Ailyn Morera
Escritora

fotografía tomada de www.alasdemariposa.org

En el último encuentro Feminista de AWID, realizado en Ciudad del Cabo en Sudáfrica me compré una camiseta de manga corta que en la parte “pechual” destaca en blanco –sobre un fondo negro- la palabra FEMINIST.

 Ya en Costa Rica, precisamente en Heredia, la ciudad de las flores, una tarde cualquiera, con la agenda colmada de diligencias, salí vistiendo mi camiseta nueva. Pero ¿qué significa para una mujer de mi edad pasearse por la ciudad con una camiseta que anuncia una postura política? Sobre todo cuando la mujer, o sea yo, es de una belleza discreta, de encantos escondidos y se hace acompañar por su hijo veinteañero y dos de sus amigos.


En la primera vuelta a la esquina un hombre de edad “madura”, extranjero (por su acento inglés), pega un indiscreto frenazo al toparse con la “amenaza” de mi camiseta; y perdiendo la elegancia me grita con una ácida sonrisa:”feminist”. Fue en este preciso momento que cobré conciencia del poder de mi camiseta. Porque sinceramente cuando la compré o me la puse no pensé en el alcance que pudiera tener sobre los caminantes de una ciudad invadida por el espíritu navideño. La gente anda con camisetas que anuncian desde “Los Simpson” a “le vendo a mi esposa” y nadie les dice nada de nada. A partir de este momento hice el ejercicio de mantenerme alerta a las reacciones que despertaba la camiseta con mi paso.


Reacción número dos: Una mujer después de leer sobre mi pecho, me mira como buscando mi sufrimiento- esa fue la impresión que me dio-. Ella buscaba en mí, la huella de un marido agresor o algo parecido que justificara mi atrevida postura de FEMINIST. Yo le sonreí, como sonreímos las mujeres felices.


Reacción tres: ¡Ohhhhh!! Un grupo de hombre y mujeres me escudriñan como a una res desnuda en media plaza, cuando en la entrada de la cafetería nos detenemos para buscar una mesa desocupada. Y éstas fueran las reacciones –desde mi subjetividad, claro, y desde los prejuicios del imaginario colectivo - en las diferentes mesas: pobrecita, debe de andar mal “cogida”. Es lesbiana y esos deben ser los sobrinos. ¿Es o no es homosexual? Seguro el marido le arriaba de lo lindo y se hizo machota. No tiene cara de sufrida como para andar con una camiseta “ladra perros”. ¡Ladra perros! ¡Eso! Me sentí en una escena surrealista con un rotweiller colgando de una teta, y de la otra, un pitbull.

 
Era obvio que mis acompañantes también eran analizados: jóvenes universitarios, con más facha de hippies que con porte de boxeadores; no aparentaban capacidad de matar ni a una mosca. La intriga para algunos comensales continúa …Pero cuidado, en la mesa diagonal a la mía, cuatro ojos de dos caballeros me insultan con sus miradas. Finamente traté de “leer” las palabras que como cuchillos intentaban clavarme. Y esto fue lo que leí: “mal engendro. “Aborto de la naturaleza. Capricho de Lucifer. La polilla más grande de la sociedad”. Si, ya sé, estas frases las leí en un texto que se refería a las mujeres solteronas en la España del siglo XIX.

 
Me levanto en dirección al baño, hago fila, mientras tanto, me entretengo observando…observando; me encuentro con la mirada de un grupo de mujeres de edad madura que comentan sobre su cotidianidad: sus hijos, sus maridos, el trabajo…. Sus luminosos ojos no ocultan el cansancio acumulado de su condición de ser mujer. Ya habían visto y leído mi camiseta, entonces me sonrieron como cuando te encuentras a una familiar del alma: La sonrisa me bastó para entender que ellas intuían el significado de la palabra feminista. Por experiencia de vida sabían que feminismo no es guerra sino lucha por la equidad.


En eso, mientras la fila al baño avanza, una chica adolescente me dice: ¡Qué chiva camiseta!
- Ah, gracias, le digo mirando -como por primera vez -las letras frontales de mí camiseta.
- No más guerra al cuerpo de las mujeres, me dice la joven, leyendo en la espalda de mi camiseta. Se la voy a copiar, me dice. Eso tenemos que hacer las mujeres, salir a la calle a decir lo que No queremos. ¡Estoy harta de tanto cochino haciéndome la guerra!


Le sonreí y ella debió de percibir en mi sonrisa: La conciencia es el primer peldaño del feminismo.

 

 
ministerio

Visite el Museo Nacional de Costa Rica

Horario: De martes a sábado, de 8:30 a.m a 4:30 p.m. Domingos de 9 a.m. a 4:30 p.m. Lunes: Cerrado.

Tarifas: Nacionales adultos ¢2 000. Entrada gratuita para estudiantes con carnet, menores de 12 años y adultos mayores de 65 años con identificación.

Extranjeros: Tarifa general $9. Estudiantes extranjeros identificados $4.

Tels: +506 2257-1433 - Fax: +506 2233-7427 - Aptdo: 749-1000 San José, Costa Rica.

Dirección: Avenidas Central y Segunda, San José, Costa Rica. Entrada principal: Por la fachada oeste-Plaza de la Democracia.

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