Vol. 6 / Nº 6/ edición junio del 2013

Aportes

... y bailar toda la noche con música de acordeón

*José Luis Amador
Antropólogo Social

La influencia cultural de los chiricanos aún está presente en las tierras del sur de Costa Rica. Porfirio (Chincho) Mora, indígena de Boruca, todavía hoy suena su acordeón para llenar el aire de alegrías y recuerdos. Fotografía de José Luis AmadorEn aquellos tiempos amanecían las fiestas. Más si se trataba de fiestas patronales, con mucha más razón. Que hubiera música durante toda la noche, la madrugada y el día siguiente. Eso era lo importante. Así lo relata en su testimonio don José Santos Concepción. Aquí, juepulla, recuerda entre risas doña Secundina, a las seis nos alistábamos y cuando eran las seis y media estábamos en ese salón hasta las cinco de la mañana. ¿Qué qué hacíamos en tanto rato? ¡Bailar! ¡Bailar toda la noche¡ Eso era lo que hacíamos. Y así, entre recuerdos, transcurren los relatos de los abuelos de Potrero Grande.

Potrero Grande está ubicado en Buenos Aires, Puntarenas y es un pueblo fundado por chiricanos. La población del sur de Costa Rica se formó a partir de tres grandes vertientes: indígenas, meseteños (Valle Central) y gente de origen chiricano-panameño. En algunos lugares los chiricanos llegaron a tener una presencia significativa. Tal es el caso de Volcán, Pilas, Puerto Jiménez y Potrero Grande. Su cultura es parte esencial del sur y uno de sus rasgos es el uso del acordeón, como lo ilustran estos testimonios. 

Es que antes amanecían las fiestas patronales. Las fiestas empezaban a las seis de la tarde y al día siguiente eran las nueve de la mañana, y a las diez de la mañana suspendían el baile y hasta la cinco de la tarde, otra vez volvían y empujaban la mejenga. Así lo recuerda Pastor Pinzón. Había un salón de piso de tierra y otro había de  madera. En las fiestas... hacían una música, que era con acordeón, con concertina bailaban, al menos eso dice doña Bernabela. En esa época había músicos, que eran sacados dentro de la misma gente... Ellos trataban con acordeones. La música la tocaban ellos mismos. El acordeón lo tocaba un señor que se llamaba Maximiliano Morales, que todavía vive, Ponciano y Marcelino Morales, eran los músicos, que tocaban al estilo chiricano en esa época. Y para llevar los ritmos, los músicos tenían unas “cajas”. Las cajas donde tocaban eran hechas de cuero de saíno. Ellos hacían una caja y usaban cuero de saíno y al aporrear, daba sonido como forma de una batería.

En 1930 llega el primer maestro a Potrero Grande y para él se construye esta escuela, a la usanza de la región. Todos en el pueblo eran chiricanos, es decir, gente venida de Panamá. Solo el maestro y el policía, representantes del Estado costarricense, eran nacionales. La presencia chiricana en el sur del país nos dejó rasgos de su cultura, entre ellos el gusto por el acordeón. Fotografía proporcionada por el autorA veces venían músicos de otros pueblos y entonces sí se ponía bueno. Con su pelo blanco y su perfil aguileño, prosigue hablando don Vicente Guerra, allá en su ranchito de Las Vueltas. Aquí apareció un músico que llamaban Román Quirós, que venía de Volcán. Eso era hace muchos años. Pero mire, cuando se paraba la gente ahí, en el canto de una jarana serrana ahí y vían venir a un caballo blanco... Mire ese día no quedaba nadie en las casas... ¡Román Quirós tocando¡ Vieras, esas eran las fiestas buenas. El músico era el alma de la fiesta. Ese era famoso, traía un bandoleón.... ese si sabía tocar. Del bandoleón salían cumbias que se bailan sueltas... La cumbia se baila en círculo. También se bailaba el corrido en parejas. Todavía me recuerdo que eso era lo que bailaba Natividad Beita. Mmm, no había alegría más grande del mundo que bailar el corrido (Se ríe recordando). El corrido era ligero... la cumbia no, era dando vueltas. La mazurca y el vals… Viera qué bonito cuando una pareja sabe bailar vals, pero no es todo el que sabe bailar vals. Ellos eran expertos, panameños de allá, venían de allá y que sabían bailar...

Yo tenía cuando eso… ¿no le digo? de los dieciocho años, de ahí en adelante a visitar esas fiestas. Sería entonces el año de 1946. Pero los bailes, como todo en la vida, fueron cambiando. Cambiaron los ritmos y los instrumentos. Primero había el acordeón, que decíamos nosotros, porque aquí llegó primero el acordeón. Después vino la guitarra, después vino la marimba y después vino la rockola y después vienen “eso” que traen ahora (risas). Poco a poco las antiguas formas de bailar fueron desapareciendo para dar paso a otras nuevas.

Luz Alba Chacón es historiadora, oriunda de Buenos Aires y descendiente de chiricanos por parte de madre. Con cuánta alegría recuerda doña Luz Alba aquellos bailes que vio cuando niña. Ver bailar era de por sí un espectáculo. Pero un día los trabajadores de la bananera llegaron con nuevas formas de bailar. Venían vestidos a la moda y ¡con zapatos¡ Ya no bailaban en círculo la cumbia y el punto. Ahora solo en pareja, y ¡caramba¡ pegando la carita. Esto sucedía en Buenos Aires. Pero al cabo del tiempo lo mismo ocurriría en Potrero Grande. Poco a poco se imponían nuevas formas de baile en aquellas tierras sureñas de Costa Rica.

Pero todavía hoy, más de sesenta años después, doña Secundina Torres, añora aquellos bailes de los mayores. Aquellos bailes de cuando había chiricanos, y chicha y acordeones y salomas. ¡Ojalá hicieran unos bailes tradicionales! Me dijeron que iban a hacer unos. Ay, pero vieras cómo me deseo que los traigan y los pongan, porque dicen que lo van a hacer para que la gente nueva, las muchachas nuevas ¡qué sé yo¡ se den cuenta de la manera bailar de la gente de antes. Pero ¡ahhh pucha¡... Rocío, mi hija, dice: “cochinada, qué voy a estar yendo yo a eso”, porque ahora la música típica,  es cochinada de música,  ¡eso no me gusta¡ ...es lo que dicen.

Pero ¡qué bonito es recordar...!

*El autor ha publicado “Historia y tradición en Potrero Grande. Un pueblo costarricense de origen chiricano y panameño”. EUNED, 2008.
 

 
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