Museo Nacional de Costa Rica

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Aportes

La museografía en los tiempos del colera

Lidilia Arias
Museógrafa

Museografía y montaje de la exhibición “Flores de Pasión”Así, sin tilde, colera significa el adorno que se usa en la cola del caballo. Más adelante comprenderán la razón del título.

Es necesario definir primero qué es museografía. Si deducimos los dos términos que conforman el vocablo, podemos decir que es la encargada de la gráfica del museo, pero en realidad tiene que ver con todo el proceso de diseño que conlleva elaborar una exhibición, así como las relaciones con otras áreas para lograr este fin. Es una disciplina relativamente nueva, que surge en el siglo XVII en Europa como estudio metodológico para el diseño de exhibiciones y de los criterios expositivos, con el objetivo de profesionalizar este trabajo en los museos, porque anterior y aún posterior a esta fecha, el “curador”, que es el especialista de museos en una determinada área, ha cumplido también esta función sin conocer aspectos básicos de diseño y comunicación.

En nuestro país, podemos hablar de una nueva museografía hasta la década de 1980, en la que se crean muchos museos y la demanda y competencia exigen un diseño más profesional de las exhibiciones.

La museografía fomenta con esta especialización el estudio de la triada “diseño, objeto, sujeto”, con el cual se crean mejores presentaciones en los museos, más didácticas y que cuentan más allá del objeto, un contexto al cual éste pertenece; así dejan de ser los museos simples joyerías sin historia donde se expone el objeto por el objeto y se invita al público a la comparación, al análisis y al disfrute de un tema, acompañado muchas veces de colecciones patrimoniales que enriquecen la muestra. El diseño museográfico va creciendo como disciplina y se alimenta de otros diseños y tecnologías, porque debe sentirse actualizado junto al diseño publicitario y de espacio, a estudios de público y a los cambios de nuevos materiales y tecnologías para que no quede resagado en el tiempo.

Aunado al devenir diario del mundo actual, la museografía es también una disciplina que se enfrenta a esa cruda realidad del consumismo y de los constantes cambios tecnológicos, pero sin los recursos que poseen quienes se mueven en otros medios. Al menos en la mayoría de países latinoamericanos, los cuales dependemos por lo general de un sustento del estado, cada día con menos presupuesto para dedicarlo a la cultura por existir otros haberes que supuestamente requieren más necesidad.

Montaje de la exhibición “Flores de Pasión” en el Museo NacionalMientras sale la última versión de Photoshop, el TV de plasma o la iluminación con fibra óptica que se utiliza en muchos centros comerciales, los museos con costos adquieren un proyector de videobean para competir con las ofertas que se le presentan a una familia en un fin de semana o unas vacaciones contra esos gigantes que, además, tienen también dinero para pautar en todos los medios de comunicación, y hacer así de cualquier actividad fetiche, una moda. Esta práctica debilita la importancia de reconocernos e identificarnos con una comunidad determinada de la cual formamos parte, es decir, con la cultura de nuestras raíces.

Ya sé que hablamos de museografía, pero es difícil no cuestionarse esta colera museográfica que, en un museo nacional como el nuestro, no permite llegarle a todo ese público al que nos gustaría; sí, ese que ve los partidos de fútbol, que participa en concursos y ve telenovelas porque no tiene acceso fácil ni recursos para dedicarlos a otro tipo de diversión o pasatiempo, es de una comunidad lejana, su tiempo libre es poco porque debe trabajar fuerte o cree que la cultura es solamente para un grupo reducido de intelectales, a lo que puede sumársele el despachador lenguaje especializado que se utiliza aún hoy en museos y otras entidades culturales, lo que refuerza este prejuicio.

La televisión presenta un mundo virtual y fantástico sin salir de la casa y casi gratis, sumado al torrente comercial de ofertas, por lo general citadinas ¿Qué tienen los museos para competir? ¿Por qué razón cotinúan la existencia a pesar de las muchas zancadillas que reciben? Resulta que los museos tienen mucho que mostrar, que enseñar. El museo posee el objeto, las colecciones que deben hablar, no del objeto en sí como se hacía hace unas décadas, sino de las historias que ellos representan, de imaginarnos quién lo usó, como vivían esas personas, cómo era su ambiente y relaciones sociales.

Además, el museo ya no es necesariamente un edificio solemne lleno de cosas, puede ser un sitio, un bosque donde se exhibe la naturaleza, como el museo ecológico. Incluso, me cuenta una amiga que en Finlandia se le llama museo a todo lo cultural, tal vez debido al origen mismo de la palabra, que viene de “el palacio de las musas”, que se puede relacionar no sólo con poder, sino con diversión, de esa que se necesita en la actualidad para atraer y competir con todas esas luces publicitarias que se acentúan en el camino.

De ahí el dilema de la colera de la museografía, de encontrar ese punto de atracción en las exhibiciones, pero sin que se vuelvan escenas sin mensaje. Al contrario, el museo actual debe enseñar y concientizar a la sociedad para que comprenda y conserve el patrimonio, a la vez que muestre y dé respuestas a los problemas actuales que enfrenta la sociedad. En el museo es tan válido exhibir el patrimonio que hemos heredado, como el que forjamos día a día.