Vol. 6 / Nº 6/ edición junio del 2013

Aportes

Postulado acerca del contenido simbólico de las esferas precolombinas del Delta del Diquís


José Sancho
Artista, escultor

Escultor costarricense José SanchoEn nuestra circunstancia, la Costa Rica del año 2010, es difícil responder —con sustento cierto— el porqué y el para qué de las esferas precolombinas.

Los arqueólogos costarricenses Ifigenia Quintanilla y Francisco Corrales postulan, con bien cimentada autoridad, “que las esferas fueron utilizadas principalmente como símbolo de rango y como marcadores territoriales. […] A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas […] como esculturas públicas. […] Si se dedicaron importantes esfuerzos colectivos para fabricarlas, transportarlas y emplazarlas fue por el valor social que tuvieron.”  Los citados arqueólogos explican que para ello se requirió de un especial “dominio técnico y capacidad de organización de trabajo, en sociedades en las que los metales duros estaban ausentes, así como la rueda y los animales de tiro.”  Destacan también que, en lo que hoy se conoce como el Delta del Diquís  “…se desarrolló un conjunto escultórico particular, a la fecha poco conocido o solo de manera fragmentaria y descontextualizada.”

El artista José Sancho en la esfera "El Silencio" en OsaPara poder entender esas esferas es necesario ubicarse en los sitios originales en donde se han encontrado, y tratar de retroceder al momento en el que fueron hechas las primeras; es decir, remontarse a su circunstancia original y primigenia.

El principio, la génesis, ocurrió un milenio antes de la llegada de Colón, en el lugar que hoy se conoce como el Delta del Diquís, en el Pacífico sur-oeste de Costa Rica. Ahí y entonces, necesariamente debió haber vivido un escultor sabio, artesano prodigioso conocedor de las posibilidades y limitaciones de los materiales y herramientas disponibles —hoy sí sabemos cuáles materiales, pero no cuáles herramientas— quien aprehendió que la esfera es la forma geométrica perfecta, y se decidió a tallarla como símbolo de la perfección.  Con ello, además, aquel hombre superior forjó y trasmitió  una forma monolítica única a una cultura que se consolidó y proyectó sucesivamente, de generación en generación, durante casi diez siglos.

Por lo tanto, debe haber sido indudablemente un escultor quien —como aquel griego sabio y escultor, reconoció ser sabio porque sabía que no sabía— inicialmente concibió e hizo una esfera de piedra como forma geométrica perfecta y como fenómeno único en los antecedentes de las sociedades primitivas.

Al respecto, Ifigenia Quintanilla en su excelente monografía sobre las esferas precolombinas, concluye con una muy acertada reflexión: “Tal vez nunca lleguemos a conocer del todo cómo se articulaba el mundo ideológico de creencias y significados, en el que se produjeron las esferas.”

José Sancho observa detenidamente una esfera de piedra precolombinaPara interpretar el auténtico contenido simbólico de las esferas del Delta del Diquís, es necesario reconocer también que, además de ser esculturas públicas propiamente dichas, son precisamente eso: esferas esculpidas en piedra; es decir, simplemente definir su contenido formal.  Lo anterior podría calificarse de tautológico, empero si tal como lo había enunciado Platón: “La esfera es la figura más perfecta en la que todos los puntos de la superficie equidistan del centro” y si así se le concibió también, por qué no, en la cultura centenaria del Delta del Diquís, no sería infundado proponer que las susodichas esferas se hicieron para evocar el ancestral anhelo del ser humano por alcanzar la perfección.  Así, la esfera, como concepto universal y no individual, debe haber constituido un símbolo de Lo Perfecto y fue seguramente por eso que pasó a ser objeto de culto y de veneración , monumento sagrado y ceremonial y —no estaría de más suponerlo— evocación la causa primera, de la causa incausada, del ser perfecto.

Solo en un pueblo imbuido en un altísimo nivel de espiritualidad, y con una excepcional y firme aspiración a representar Lo Perfecto, se pudieron haber dado las condiciones para inspirar una forma escultórica perfecta, como lo es la esfera.  Fue en aquel pueblo en donde nació y se perpetuó una vocación secular que se proyecta en las subsiguientes generaciones, hasta la Conquista española.

Esfera en el sitio Bolas en la zona sur de Costa Rica. Fotografía cortesía de Ifigenia QuintanillaPrecisamente en el Delta del Diquís fue donde se dio ese fenómeno singular.  Ahí no se instalaron dólmenes, no se construyeron pirámides, no se tallaron tótemes, ni esfinges, ni estelas, ni cabezas gigantes, ni arcos, ni obeliscos; obras estas que sí aparecieron en tantos otros pueblos del mundo primitivo, sea como monumentos públicos en contextos ceremoniales, o como objetos de culto, o de conmemoración, o como imágenes sagradas.

En resumen, y para concluir, lo que aquí se está postulando es que, necesariamente, debe haber sido un escultor sabio quien concibió e hizo la primera de las esferas del Delta del Diquís, como símbolo de Lo Perfecto.  De esta manera se inició una excepcional y secular tradición escultórica, cuyo propósito debe hacer sido —como se dijo— evocar la ancestral necesidad, o anhelo, del ser humano por alcanzar la perfección.  Y, para expresarlo en sentido figurado y universal, la Esfera Precolombina habría sido alegoría de Lo Perfecto.  Esto, en esencia, constituyó el contenido simbólico de las citadas esculturas.  Si las sucesivas sociedades indígenas que poblaron el Delta del Diquís durante tantos siglos estuvieron fabricando esferas de piedra, no debe hacer sido solo para ostentarlas por su especial belleza plástica.

 
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