Museo Nacional de Costa Rica

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Aportes

Historia, científicos y alemán antiguo

Barbara Goering Gurowitsch

copia de las cartas traducidas. Foto del Dpto. de Antropología e HistoriaEncontrándome en la última etapa de mis estudios para Bachillerato en Filología Española, me correspondió escoger el Trabajo Comunal Universitario entre las áreas asignadas para esta carrera, y me decidí por el programa Pasado y Presente de las Comunidades Costarricenses, del área de Historia. Fui aceptada en una de las ramas del programa que se lleva a cabo en las instalaciones del Museo Nacional ubicadas en Pavas. La historiadora Gabriela Villalobos, del Departamento de Antropología e Historia, me asignó la tarea de traducir correspondencia de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Las cartas originales, escritas en inglés, francés y alemán, se encuentran sistemáticamente archivadas en los depósitos de colecciones del Museo Nacional. No había tenido experiencia en traducir al español textos con un estilo de hace más de cien años de antigüedad, que hoy llamaríamos en desuso, por lo cual traté, según mis posibilidades, de proyectar el modo característico de redacción de los autores de las misivas.

En ocasiones también fue difícil, y a veces imposible, leer las cartas manuscritas, ya sea por el vocabulario y el estilo, como por los frecuentes borrones y la división de las palabras al final de una línea para seguir en la siguiente, sin hablar de la caligrafía de cada una de los autores. Es por esto que, pese a los esfuerzos, quedaron algunas pocas palabras o nombres que no pude descifrar...

Extracto de una de las cartas traducidas. Foto del Dpto. de Antropología e HistoriaLa correspondencia en cuestión estaba dirigida en su mayoría al investigador suizo Henri Pittier, quien vivió, investigó y enseñó en Costa Rica entre los años 1887 y 1903.

En general, se puede decir que los documentos inéditos tienen relación con la actividad de investigador y las publicaciones de Henri Pittier, así como del Dr. Polakowsky. Parte de la correspondencia se relacionaba con el interés por reunir el material que se necesitaba para elaborar mapas de Centro América y de Costa Rica, cuando aún se pensaba en la posibilidad de construir el Canal de Nicaragua, poco antes del inicio de la construcción del Canal de Panamá. En algunas cartas también se menciona la construcción del ferrocarril al Atlántico. Era una época en que se enfrentaban problemas políticos resultantes de los esfuerzos de los países centroamericanos por construir su soberanía y su identidad democrática.

Otras cartas hablan del intercambio de publicaciones con instituciones de investigación en Norteamérica y Europa así como de la edición de los trabajos realizados en Costa Rica sobre todo en el campo de la botánica. Los investigadores deseaban dar a conocer aspectos de la flora costarricense y en su correspondencia también encontramos referencias a temas agrícolas, como por ejemplo las enfermedades que sufría el cultivo del café.

Estar inmersa en estos detalles históricos, me resultó tremendamente interesante, en algunos casos la correspondencia era de carácter muy personal, como por ejemplo la gran cantidad de conmovedoras cartas de las hijas del señor Pittier, que revelan muchos detalles de la vida durante ese fin y comienzo de siglo, dado que las niñas, Mathilde y Rose, vivían en Suiza mientras el padre recorría y estudiaba la geología, la geografía y la flora en Costa Rica. 

No obstante, el principal reto de mi labor fue, sin duda, abordar las complejas misivas del Dr. Helmuth Polakowsky, quien fue contratado como profesor de química, física, botánica, mineralogía y zoología en el Instituto Nacional, donde ejerció sus funciones durante el año 1875. Con respecto a Costa Rica, en sus palabras, ‘’lo amaba sinceramente tanto como amaba Chile”, este último, país en cual también elaboró mapas. 

Del Dr. Polakowsky traduje un total de 17 cartas en alemán, fechadas desde la primera en el  año 1889 hasta la última en el año 1894.  La primera carta del Dr. Polakowsky fue escrita el 16 de junio de 1892, en la antigua letra alemana llamada Kurrent (Alte deutsche Schrift o antigua escritura alemana), basada en la escritura cursiva medieval. De la anterior, se derivó la forma tardía, algo simplificada, que desarrolló el diseñador gráfico Sütterlin en 1911, y conocida con el nombre de este diseñador, la que se enseñó en las escuelas desde 1915 hasta 1941. Fue suprimida a partir de esa fecha con el fin de introducir la escritura que se usaba en el resto de los países europeos.

La ortografía y la puntuación de la época, al igual que ciertas formulaciones como por ejemplo los vocativos, entre otros, se encuentran en desuso en la actualidad, más de cien años después de la fecha de su emisión. 

Así, por ejemplo, algunas palabras llevan hoy consonante doble, al contrario de entonces y las dobles como m y n llevaban una virgulilla al igual que las geminadas nn que originaron la grafía ñ en español.  En todos estos casos no hice corrección, sino que copié las cartas en su versión original, con las que hoy se considerarían faltas de ortografía, excepto en el caso de m y n, porque si bien en el teclado existe la ñ  no así la m con virgulilla. 

Del mismo modo traté de reflejar el estilo serio hasta un poco rígido, muy atento y respetuoso, que se permite tan solo ocasionales manifestaciones personales, como algunas veces aparentemente irónicas, por ejemplo, cuando el  Dr.  Polakowsky trata al receptor  Dr. Pittier con los vocativos como “Ew. Hochw.” , es decir, Euer Hochwürden (V. Ilustrísimo o V. Excelencia), con los que hoy solo se trata  a los prelados, obispos  y otros, o bien se emplean con ironía.  

Desde luego para mí fue una aventura interesantísima la tarea lingüística de descifrar las cartas e interpretarlas en su contexto para luego poder traducirlas con la mayor fidelidad posible.  Este trabajo ha sido una experiencia de mucha satisfacción  para  mí  y  el ambiente en el Museo Nacional me deja una impresión muy positiva, tanto que no dudaría en regresar.