Vol. 6 / Nº 6/ edición junio del 2013

Aportes

La devoción al Dulce Nombre de Jesús

Roberto Le Franc
Antropólogo

Imagen del Dulce Nombre de JesúsEn la tarde del 3 de marzo de 1856 se reunió en la ciudad de San José, el ejército expedicionario convocado por el presidente Juan Rafael Mora Porras, que saldría a combatir a las huestas filibusteros de William Walter, invasores del territorio nacional. El entusiasmo por la guerra en puertas era general entre extranjeros y nacionales, contándose entre ellos muy distinguidas personalidades así como lo mejor de la juventud costarricense.

Al día siguiente por la mañana se puso en marcha la vanguardia al mando del general José Joaquín Mora, siendo emotivamente despedidos por la población josefina.

Pronto se combatiría a estos filibusteros en las memorables batallas de Santa Rosa, el 20 de marzo y de Rivas, el 11 de abril. En esta batalla, luego de intensas y largas horas de lucha, de combate cuerpo a cuerpo y actos de heroísmo, los costarricenses se esforzaron por atender y cuidar a los heridos y a sepultar a los muertos de ambos bandos.

La aparición en ejército nacional de la enfermedad del cólera, detectada en Nicaragua desde 1855, se dio luego de la batalla de Rivas, aparentemente el 20 de abril, en la persona del soldado José María Quirós; el resto fue cuestión de tiempo. El boletín oficial reporta 20 casos de la enfermedad entre el 24 y el 25 de dicho mes.

Detalle del rostro del Dulce Nombre de JesúsEl presidente Mora se retira de Rivas y en Liberia acuerda, junto con su Estado Mayor, licenciar el ejército.  Las milicias se atemorizan y desordenadamente intentan llegar al Valle Central, pues consideraron que en San José encontrarían seguridad y en su atropellada marcha, dejaron por el camino  cadáveres sin enterrar, que luego contaminaron los ríos y quebradas.

A partir del 5 de mayo llegan a la capital grupos de carretas cargadas de heridos y contagiados del cólera y la enfermedad se propagó por toda la ciudad.

La gran cantidad de defunciones (más o menos 140 muertes por día) hizo que los sepultureros realizaran su labor bajo tremendas amenazas ya que para evitar el contagio y por la premura apenas tenían el tiempo suficiente para cavar fosas comunes en donde lanzaban cadáveres escasamente cubiertos por una capa de cal.

Muchos habitantes de San José huyeron horrorizados y se refugiaron en zonas alejadas, sin embargo la mayoría, que no contaba con esa posibilidad, permaneció en la ciudad para hacerle frente a tan terrible enfermedad, y elevó sus plegarias al Altísimo. Junto con el obispo Llorente se celebraron misas, rogativas y procesiones con las imágenes del Patriarca San José y de Nuestra Señora de Dolores, entre otras, para que pronto cesara el contagio; la rogativa que más impactó fue la efectuada en la iglesia Catedral el 14 de junio de 1856, dedicada al Dulce Nombre de Jesús.

La enfermedad diezmó la población y provocó, según registros de la época, unas 10.000 muertes.

Nuestras gentes sencillas dirigieron sus continuas súplicas a la imagen del Dulce Nombre de Jesús, obteniendo en muy pocos días, según reza la tradición, resultados favorables. La epidemia comenzó a ceder en Julio de ese año, hasta que poco a poco desapareció, sin embargo las rogativas se siguieron efectuando y la devoción al Dulce Nombre de Jesús como libertador de la enfermedad aumentó y se consolidó; es así que la ciudad de San José en agradecimiento hizo Promesa Jurada (se desconoce de quien partió la iniciativa pues no existe registro documental) de oficiar una misa de rogación y sacar en procesión todos los años la venerada imagen, en conmemoración del aniversario de la primera rogación efectuada.

Actualmente esta devoción tiene sustento en la iglesia del Carmen en el centro de San José y la Promesa Jurada que se efectúa sin interrupción desde 1856, se lleva a cabo el último domingo del mes de agosto y ya se ha constituido como una de las principales tradiciones religiosas de la ciudad capital.

Fotos cortesía de Federico Prahl.
Imagen del Dulce Nombre de Jesús en la Iglesia El Carmen, San José.

 
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