Vol. 6 / Nº 6/ edición junio del 2013

Aportes

El destino del Fella y el Eisenach

Roberto Le Franc Ureña
Antropólogo

La Prensa Libre no solo publicó el incendio de los cargueros sino también acerca de una red de espías de Hitler que podrían ocupar el suelo tico para volar el canal de Panamá. Fotografía tomada de la página http://www.diarioextra.com/2005/abril/25/nacionales08.shtmlEl lunes 31 de marzo de 1941, el vespertino “La Prensa Libre” de San José, informó sobre un incendio y algunas explosiones en los barcos cargueros FELLA, de bandera italiana y EISENACH,  de bandera alemana, fondeados en la rada del puerto de Puntarenas. El incendio había ocurrido a eso de las 5:30 a.m.

Ambas naves estaban siendo consumidas por las llamas lo que motivó una seria investigación por parte de las autoridades nacionales, que acaparó la atención de los diferentes medios noticiosos de la época.

De esta manera se conocieron hechos muy interesantes, hoy parte de nuestra historia, que dieron inicio en 1939 durante la II Guerra Mundial.

El carguero EISENACH al mando del capitán Gerhard Loers Struck llegó a Costa Rica procedente de Corinto el 1 de setiembre de 1939 con un cargamento de cemento y máquinas, el FELLA a cargo del capitán Gabriel Locatelli Gabrielli llegó procedente del puerto de Cristóbal el 5 de junio de 1940, con pasajeros, mercadería y algunos bloques de mármol.

Ambas naves quedaron reconcentradas en Puntarenas pues al entrar en guerra Italia y Alemania, sus capitanes debieron buscar un puerto neutral si se encontraban en alta mar o permanecer en el puerto que estuvieran si en ese momento descargaban material o pasajeros, previa licencia del gobierno del país, y quedar en espera de instrucciones de su compañía naviera.

Imágen tomada desde el puerto de Puntarenas. Adelante el Fella quemándose, atrás el Eisenach. Finalmente el Fella se hunde y el Eisenach es rescatado. Fotografía tomada de la página http://wvw.nacion.com/ln_ee/ESPECIALES/visual/2000/julio/20/nota4.htmlLa reconcentración permitía que los barcos quedaran en la roda puntarenense luego de descargar mercaderías o pasajeros y que sus tripulantes podían bajar a tierra ocasionalmente, regresando a bordo al anochecer. Desde un inicio las autoridades costarricenses incautaron todos los aparatos de radiocomunicación existentes en las naves en un intento por mantener el control y evitar la posible comunicación con algunas células pro nazis existentes en el país y que sabía trataban de comunicarse por medio de señales luminosas o por la radio, desde la desembocadura del río Barranca, con naves extranjeras.

El incendio fue provocado siguiendo órdenes de sus respectivos capitanes, con la intención de que no fueran intervenidos oficialmente por el gobierno costarricense,  de acuerdo a instrucciones, según se supo, emanadas semanas antes de la legación alemana en Costa Rica, que las había recibido de su homóloga en Panamá y con la intermediación de las compañías navieras Hapag Lloyd y Cía. de Navegación Italia.

El 2 de abril de ese año (1941), el Sr. Francisco Calderón Guardia, Secretario de Seguridad Pública declara ante el Juez Segundo Penal que el gobierno de la Republica recibió denuncias de que los barcos cargaban explosivos, que los aparatos de radio se habían reinstalado y que algunos de los tripulantes viajaron al interior de la República sin la correspondiente autorización. El presidente Rafael Ángel Calderón  Guardia, hermano del declarante, “ordenó hacer una investigación minuciosa practicando un registro de ambas naves”, acción que motivaría los incendios, por lo que el Secretario de Seguridad Pública se trasladó a Puntarenas  y con unos treinta efectivos  procedieron a cumplir la orden dada, sin embargo cuando llegaron los dos buques estaban en llamas.

Los capitanes Struck y Locatelli y sus tripulaciones (94 personas en total) fueron detenidos y trasladados a la Penitenciaría Central en San José para enjuiciarlos.

Luego de muchos contratiempos – problemas con traductores, enfermedades, intento de suicidio del capitán Locatelli- el juicio se llevó a cabo  y el 24 de mayo de 1941 el Juzgado Penal de Puntarenas declara que en vista del decreto de amnistía acordada a todos los indiciados sobre los delitos apuntados, se declara  extinguida la acción penal y se ordena archivar el expediente, lo cual se ejecuta el 30 de junio de ese año.

Los restos de las dos embarcaciones permanecieron en la rada puntarenense como mudos testigos de lo que ocurrió; en noviembre de 1941 una compañía norteamericana inicia gestiones para el rescate del EISENACH, que no estaba tan dañado, logra ponerlo a flote y reintegrarlo, luego de repararlo, como barco mercante ; el mismo regreso a Puntarenas con carga en varias oportunidades.

El FELLA no tuvo mejor suerte, luego de varios fallidos intentos por ponerlo a flote en 1952 y 1953 y rescatar lo que se consideraba un valioso cargamento de mármol. Finalmente en 1957 se formuló una nueva propuesta para extraer dicho cargamento con un costo de   ¢ 500.000, 00 gestión que tampoco prosperó, aunque braceros costarricenses que trabajaban en el muelle de Puntarenas se ofrecieron para hacerlo.

El FELLA y su cargamento de mármol, que según algunos no valía ni “cien colones” de la época permanece y se deteriora poco a poco frente al puerto de Puntarenas.  Hoy, casi setenta años después apenas se observan los restos desde la playa puntarenense con marea muy pero muy baja.

 
ministerio

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