Museo Nacional de Costa Rica

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A fondo

Roberto Güell

Memorias de un revolucionario

Wendy Segura
Dpto. Proyección Museológica
Museo Nacional de Costa Rica

Roberto Güell (cuarto de izquierda a derecha) con el batallón Morazán en la frontera norte. Cinco veces presos y una vez en la pared de fusilamiento no mermaron el ímpetu idealista de Roberto Güell, un hombre que hoy a sus 80 años, sigue tan activo como en aquellos convulsos años de 1947 y 1948.

Con lucidez recuerda los años en los que apenas era un colegial de 18 años, pero muy activo en la política social del país, con orgullo, dice haber sido el presidente de estudiantes de secundaria de Costa Rica, una organización capaz de convocar a los estudiantes de todo en país en pos de mejores condiciones para el estudiantado y tomar su posición en los conflictos sociales de la época.

Según don Roberto, en 1947 solo había un colegio por provincia, excepto en San José que habían más. En Puntarenas el colegio era el José Martí, cuyo director tenía fama de maltratar a los estudiantes. La asociación se organizó y fueron en tren hasta Puntarenas a reclamar por la sustitución del director. La forma pacífica de los huelguistas fue copiada por el pueblo que poco después se levantó en la huelga de brazos caídos, en protesta por la poca voluntad política por parte del gobierno de Teodoro Picado de garantizar elecciones libres.

Roberto Güell (a la izquierda) con uno de sus soldados. El ser un dirigente, le valió estar en momentos un tanto secretos de la historia. “Recuerdo que llegué al colegio San Luis Gonzaga, estábamos en plena guerra, en la puerta de la oficina de don Pepe estaba un soldado custodiando, era Beto Cañas, cuando entré habían unos Ulatistas diciéndole a don Pepe que si les ayudaba, ellos le ayudaban a llegar al poder, es decir estaban traicionando a Otilio Ulate, entonces don Pepe se levantó y dio un golpe que resonó en todo el San Luis Gonzaga, y les dice ”hijos de … ustedes creen que yo soy tan indigno como ustedes, un traidor a la patria, ustedes son culpables de esta guerra, ustedes han martirizado al pueblo” ese día, agrega don Roberto, don Pepe se hizo un líder para él y encontró el motivo de la guerra.

Confiesa haber sido partidario de la oposición, a pesar de que su familia era Calderonista. Su rebeldía familiar le costó  estar preso en múltiples ocasiones, una de ellas en el entonces Cuartel Bellavista y otras tantas en la comandancia, la que aún hoy existe y está ubicada al costado oeste del Tribunal de Elecciones.

Recuerda que la primera vez que estuvo preso cargaba una bomba de fabricación casera “nosotros no buscábamos hacerle daño a nadie, pero si amedrentar a los dueños de los negocios que se mantenían abiertos”.

Hoy, a sus 82 años, visitó la celda en la que estuvo recluído en 1947.La tercera vez que lo detuvieron lo llevaron al Cuartel Bellavista, recuerda que lo trataron mal, lo golpearon y empujaron, tuvo que pasar la navidad de 1947 en una incómoda y oscura celda. “fue el 24 de diciembre. Me fui con unos amigos a la avenida central, cuando en eso vimos que había una revuelta en el “petiche a non” un restaurante que quedaba en plena avenida central. Nosotros andábamos armados y nos metimos al restaurante y nos parapetamos. En eso llegó el ejército y nos apresó, estuve preso en el Cuartel el 24 y 25, hasta el 26 llegó mi padre a sacarme”, recuerda don Roberto.

Pero lo que con más miedo recuerda, fue la quinta detención, pues estuvo a punto de ser ejecutado. Lo apresaron el primero de marzo de 1948 y mantuvieron toda la noche en una celda en Puriscal, a la mañana siguiente los trajeron a San José y los mantuvieron presos en una celda de la antigua comisaría.

En la mañana, muy temprano, los sacaron de la celda y los pusieron frente a un paredón utilizado para prácticas de tiro. En ese momento don Roberto se dio cuenta de que sería ejecutado, lo que no imaginó es que la suerte estaría de su lado.

“Llegó un jefe de apellido Calderón y se dispuso a ejecutarnos, pero ellos utilizaban una ametralladoras de sitio con un funcionamiento muy delicado. Fue ahí cuando la corrupción me salvó” cuenta don Roberto entre risas, y sigue “para que no se trabaran tenían que echarle aceite de oliva, pero se lo robaban y le echaban aceite cualquiera o no le echaban, entonces el arma se le trabó ¡dos veces! Cuando cambió de arma y estaba a punto de ejecutarnos por fin entró un militar cubano que había traído el gobierno, llamado José Tabío y le ordenó liberarnos y castigar al jefe”.

Don Roberto cree que lo que le salvó la vida fue que su padre fuera un dirigente calderonista que estaba a punto de expulsar a Tabío del país, “con este acto Tabío consiguió que mi padre no fuera tan duro con  él y permaneciera por un tiempo más en le país” concluye don Roberto.