Claude F. Baudez y Costa Rica

Un grupo de arqueólogos del Museo Naciona junto a Claude Baudez (cuarto de izquierda a derecha). Fotografía del DAH

Por muchos años el arqueólogo francés Claude François Baudez, recientemente fallecido, fue conocido en la arqueología costarricense por sus investigaciones pioneras en Guanacaste a finales de los años 50 donde estableció junto con el estadounidense Michael Coe, las bases de la secuencia cerámica y cronológica.

La publicación, en 1967, de su trabajo doctoral sobre la cuenca baja del Tempisque hizo de él un referente obligatorio en el estudio de la arqueología de Guanacaste.

Baudez perteneció a una generación de arqueólogos extranjeros que se acercaron al sur de América Central a finales de los 1950 y durante los 1960 para establecer secuencias cronológicas mediantes excavaciones estratigráficas. Esta era una zona casi desconocida y aparte de establecer los parámetros cronológicos básicos,  muchos de los trabajos buscaban establecer relaciones con las zonas más estudiadas de Mesoamérica y los Andes.

Después de estos trabajos pioneros, se trasladó a la zona maya, aunque mantuvo cierta vinculación por medio del proyecto de revisión de la tipología cerámica de la Gran Nicoya realizado en los años 1980. Al país llegaban esporádicamente noticias de sus trabajos en Honduras y México sobre sitios mesoamericanos.

A principios de los años 1990 Baudez reapareció en Costa Rica. Con la ayuda de varias estudiantes, a finales de la década de 1980 había retomado los materiales del sitio Papagayo, el primero que investigó en Guanacaste y prepararon una publicación que vio la luz en 1992.

Baudez en el Museo Quia Branly- Francia. Fotografía de Francisco Corrales, DAHCon el libro sobre Papagayo en prensa, regresaba al país con sus estudiantes,  esta vez con el propósito de realizar investigaciones en el delta del Diquís, sureste del país. De la misma manera que en Guanacaste su trabajo estaba orientado a la formulación de una secuencia cerámica y cronológica local que complementara otros esfuerzos anteriores dispersos, pero lo complementaba con una prospección exhaustiva de la planicie aluvial entre los ríos Sierpe y Térraba, usando como guía los antiguos canales de las plantaciones bananeras.

Los resultados de este trabajo se publicaron en 1993 bajo el título de “Investigaciones Arqueológicas en el delta del Diquís”. Luego de esta renovación de su relación con Costa Rica volvería a sus estudios en el área mesoamericana y serían dos de sus estudiantes, Nathalie Borgnino y Valérie Lauthelin, las que continuarían por cierto tiempo la presencia francesa en la arqueología de Costa Rica.

En el trabajo sobre el Diquís es de primera importancia la revisión exhaustiva de la tipología cerámica y su ordenamiento cronológico que vino a complementar la realizada por el arqueólogo alemán Wolfgang Haberland en los años 1950 y 1960. Asimismo, la prospección realizada permite evaluar mejor el sistema de asentamientos en la llanura aluvial entre los ríos Sierpe y Térraba y su distribución espacial. Los nuevos datos permiten discusiones sobre un sistema jerárquico de asentamientos y una organización sociopolítica de tipo cacical.

Otro aporte relevante fue el reporte y estudio inicial de un conjunto de esferas de piedra in situ de Finca 6, donde hoy el Museo Nacional tiene una propiedad de 10 hectáreas y un proyecto de parque arqueológico.

Durante los trabajos de inicios de los 1990 entablé relación con él, y trabajé en conjunto con sus estudiantes en revisar materiales del sur para establecer algunos tipos cerámicos nuevos y revisar la secuencia en general. Luego de eso tuve la oportunidad de encontrarlo en el 2006 en la inauguración del Museo du Quai Branly en Paris. Durante una larga conversación en el café del museo y un paseo hasta la torre Eiffel repasamos el estado de la arqueología costarricense y sus memorias de excavación de Guanacaste.

Este año vino al país en enero a brindar una charla en los Museos del Banco Central sobre el autosacrificio en Mesoamérica y Centroamérica antes de la conquista. Asimismo una conferencia sobre sus experiencias iniciales de investigación en el país, en la Universidad de Costa Rica. Tuvimos también la oportunidad de que nos visitara en la sede del Museo Nacional en Pavas, donde vio las instalaciones y las colecciones, pero sobre todo conversamos con él sobre la década de los 1960 en la investigación arqueológica en Costa Rica.

Con un español exquisito y un gran sentido del humor nos habló de lo difícil que era llegar hasta Guanacaste en aquella época, detalles de sus excavaciones, sus relaciones ambivalentes con Michael Coe y otras anécdotas.

Con sorpresa recibimos la noticia de su muerte, el 13 de julio, a sus 81 años, ya que en la visita de meses atrás se le veía dinámico y muy activo. Gran parte de su visita fue la de restablecer viejas amistades y solicitar información sobre autosacrificio en Costa Rica, con el entusiasmo e interés de siempre. Cordial y atento, escuchó sobre las nuevas investigaciones y se comprometió a facilitar contactos con arqueólogos en Francia.

Claude Baudez no solo contribuyó en una etapa “temprana” de la arqueología de Costa Rica sino que supo mantenerse vigente con su aporte de estudios más recientes. Fue un arqueólogo entregado a su trabajo sin que la edad fuera pretexto para abandonar la investigación. Para esta “raza” de estudiosos solo la muerte puede apartarlos de su pasión.