El agua se defiende con educación

Estudiantes de Osa aprendieron de leyendas acerca del cuido de la naturaleza. Foto Carlos Morales

El pasado jueves 3 de noviembre se realizó en las instalaciones de la Escuela de la Comunidad de Finca 6-11, en Palmar Sur de Osa, Puntarenas, el acto inaugural y el festejo del II Festival del Agua: “agua para mi comunidad”. Dicho evento constituye una iniciativa del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) en colaboración con el Museo Nacional (MNCR), Ministerio de Educación (MEP), Global wáter, Municipalidad de Osa y el SINAC. La actividad festejó el compromiso de los niños, lugareños y funcionarios institucionales con la divulgación y protección del recurso hídrico de la comunidad.

Para el del MNCR, el espacio significó una excelente oportunidad para poner en valor la importancia del recurso hídrico en la construcción de un complejo bagaje ideológico expresado en los sistemas, universos e imaginarios simbólicos y mitológicos de los distintos grupos humanos que se asentaron en las llanuras del delta del Diquís.

La participación del Museo fue a través de la exposición educativa denominada “El recurso hídrico en las sociedades indígenas precolombinas y contemporáneas del Pacífico sur de Costa Rica”,  así como actividades donde se contaron leyendas alusivas de la comunidad Boruca, con el propósito de rescatar la riqueza de las tradiciones orales indígenas y el papel protagónico del agua en la génesis cultural de estos pueblos.

collage1Partiendo de esta premisa, se buscó inculcar en los niños valores positivos en torno al tema del agua a partir del relato de algunas leyendas y mitos tradicionales de la cultura Boruca. Uno de los relatos que más llamó la atención de los niños fue:

Según cuenta una leyenda boruca, en el pueblo existió una gran serpiente poderosa que habitaba en una quebrada que existe dentro del pueblo llamada quebrada boruca, que es un lugar sagrado para los habitantes de la comunidad.

Resulta que la serpiente se enamoró de una hermosa señorita del pueblo, ella visitaba con frecuencia la quebrada, ahí se conocieron y se enamoraron. Con el tiempo, la joven quedó embarazada y la madre, al percatarse de su embarazo y del padre, temerosa, consultó a los suquias y sacerdotes quienes recomendaron quemarla junto con su amante, la serpiente.

Cuando la mujer estaba envuelta en llamas, explotó, y de ella salieron muchas culebras que los indígenas mataron sin contemplación, sin embargo, dos de ellas consiguieron sobrevivir y huir del lugar.

Según cuenta la leyenda, una de ellas se refugió en tierra, sobre la fila montañosa de la zona, y la otra en el agua, en las lagunas de sierpe. Su rastro, zigzagueante, se lleno de agua y es hoy en día un río muy importante, el río sierpe. Dice el relato que cuando estas dos serpientes se comunican entre ellas, del cielo caen rayos, el suelo se estremece, el clima se torna tormentoso y la tierra se inunda. (Relato boruca)

El relato resultó práctico y flexible. Nos permitió incluir y construir con los niños valores positivos como la importancia de la conservación de las fuentes de agua, de los bosques y especies asociadas a las nacientes, quebradas, ríos, lagunas y los mares. Al final, terminamos el relato con la siguiente moraleja:

ninosLa serpiente vive actualmente en el fondo de la laguna, en Sierpe. Desde ahí se encuentra al acecho y vigilante para que las personas, los seres humanos, no hagan daño a los animales, contaminen las fuentes de agua y extraigan recursos de manera irracional de las nacientes, quebradas y ríos. (Construcción narrativa de los niños)

Asimismo, el espacio nos permitió explicar el uso que hacían los indígenas precolombinos de los recursos materiales extraídos de las principales fuentes de agua para sus actividades cotidianas y para la elaboración de sus estructuras arquitectónicas más importantes. También se explicó como algunos elementos simbólicos en la iconografía lítica, cerámica y orfebre en algunos artefactos, están vinculados con el entendimiento de los ciclos y el uso social y cultural del agua.

Fotografías Carlos Morales