Juan Vicente Guerrero, 40 años entre tumbas y vestigios ancestrales

Arqueólogo Juan vicente Guerrero

Dar un paseo por la sala precolombina del Museo Nacional de Costa Rica, siempre resulta una enriquecedora experiencia, nos remonta a un pasado lleno de historia y extraordinaria cultura; pero más aún, si el recorrido se realiza con la guía de Juan Vicente Guerrero, el arqueólogo que con su puño y sudor contribuyó a excavar una gran parte de los objetos que yacen allí exhibidos.  

Él recuerda como si fuera ayer, los detalles que acompañaron a cada una de las excavaciones de las que fue testigo y actor. Y es que, escuchar las narraciones sobre sus hallazgos testifican no solo sobre su buena memoria, sino también sobre el disfrute de una larga carrera de gran aporte a la historia y arqueología nacional.

Hace exactamente un mes, que a don Juan Vicente le llegó la hora de su jubilación, mas no de su retiro de las lides de la arqueología, según confiesa.  Tiene 62 años, pero anhela seguir aportando y siendo ese gran referente en el tema de patrones funerarios en Costa Rica y más allá de las fronteras.

Conocedor de los patrones funerarios

Más de la mitad de su vida, Juan Vicente, vivió entre la inusual aventura de excavar tumbas precolombinas y tratar de descifrar los patrones funerarios en torno a estas. Da gusto escucharlo hablar, mientras recorremos la sala. Pareciera que la conoce centímetro a centímetro.

Al preguntarle, ¿qué son los patrones funerarios?,  responde con sencillez.

“Cuando hablamos de patrones funerarios, nos referimos al cómo trataron las diferentes culturas,  a través del tiempo, a los restos de sus muertos; qué hicieron con ellos, cómo y dónde los enterraron;  si los cremaron, si los enterraron flexionados, en vasijas o en posición fetal. Es decir, se refiere al tratamiento que le dieron a los muertos.”

En ese sentido, y quienes conocen la trayectoria de “Chente” (como lo llaman de cariño en el Museo), afirman que, sin temor a equivocarse, pueden decir que él es una de las personas que más conoce sobre el tema de los cementerios precolombinos y patrones funerarios en Costa Rica.

Y, ¿cómo se fue especializando en tan peculiar tema?

jv3Sus primeras experiencias marcaron su norte. Don Juan Vicente cuenta que desde sus inicios, incluso cuando no estaba ni graduado de la universidad, el tema llamó su atención. Con emoción recuerda sobre la vez, que siendo aún muy joven, en 1976, le tocó colaborar como voluntario en la excavación de un ancestral asentamiento costero en Playa Panamá, Guanacaste; donde pudo presenciar tumbas extraordinariamente preservadas, gracias a la sal del mar y a las condiciones del suelo y el ambiente.

Sobre esa experiencia, comenta:  “era un trabajo lindo, no solo por ser la playa, sino por el tipo de evidencia que  estábamos encontrando: huesos de animales, semillas, fósiles de moluscos y de plantas que se cultivaron hace miles de años; herramientas, huesos humanos en buen estado de preservación. Eso me llamó  mucho la atención, cosa que en el Valle Central casi uno nunca ve eso o no es tan fácil ver por las condiciones del suelo”.

Lo anterior, lo cautivó desde un inicio. “Poco a poco, me fui metiendo en los patrones funerarios o de enterramiento. Es lo que más he trabajado. Tal vez, la persona que más ha excavado restos funerarios (en el país) soy yo”, comenta con propiedad y la humildad que lo caracterizan.

Don Juan Vicente se enamoró de Guanacaste y esta tierra le correspondió con prodigiosos hallazgos. De sus entrañas logró excavar silenciosos vestigios que, gracias a la interpretación, han servido para comprender más aún sobre el quehacer y compleja vida de nuestros antiguos pobladores y por ende, sobre nosotros mismos.

Durante 40 años de labor, de las cuales, 38 como funcionario del Museo Nacional, tuvo la oportunidad de trabajar en prácticamente todas las áreas del país. Realizó excavaciones en el Valle Central, en la zona del Caribe, en la zona Sur y en Guanacaste, siendo ésta última, donde invirtió gran parte de su vida laboral, debido a su otra gran pasión: La investigación sobre los enterramientos con presencia de jade, especialmente en el área de Nosara. Sobre el tema, tiene varias publicaciones.

Y, ¿qué aspectos se pueden inferir, a partir de la investigación de los vestigios hallados en los enterramientos?

Los vestigios encontrados en los antiguos enterramientos arrojan un sinnúmero de datos que brindan detalles sobre quiénes eran esas personas, con qué objetos fueron enterrados (y sus posibles por qués), qué jerarquía tenían los  difuntos. Pero además, su minucioso estudio, complementado con el trabajo de laboratorio, permite conocer también su edad, género y posible causa de muerte. Los objetos encontrados en las tumbas, cuentan también sobre los contextos y costumbres de las culturas de épocas pasadas.

La investigación y el trabajo de campo han permitido conocer ampliamente sobre el tema. Así por ejemplo, es posible conocer sobre enterramientos de paquetes, individuales o en parejas; enterramientos de huesos o cenizas cremadas en ollas o vasijas; en fosas con piedras u otros elementos; acompañados de objetos valiosos, instrumentos de trabajo o diversión, tales como cuchillos u ocarinas; con piedras o metates sellando el nicho.

Entre los primeros graduados en arqueología en el país

jv2Cuando don Juan Vicente llegó a la Universidad de Costa Rica (UCR), llegó preguntando por la carrera de arqueología; no obstante, en ese entonces, la carrera más parecida era “Antropología, con énfasis en arqueología”. Y, eso fue lo que inicialmente estudió. De hecho, forma parte de la primera generación de graduados de la incipiente carrera de la UCR.

Al graduarse, su primer trabajo fue con la misma UCR. Dos años después lo invitaron a formar parte del equipo de arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, lugar en el que permaneció durante 38 años, hasta el día de su jubilación en octubre de este año.

En el Museo tuvo la oportunidad de ser, primero voluntario, luego arqueólogo, investigador y hasta jefe del Departamento de Antropología e Historia durante un periodo, pero según confiesa, lo de él definitivamente era el trabajo de campo y no, las labores administrativas o de oficina; por lo que pronto regresó a las excavaciones y allí se quedó hasta el final de su jornada laboral con el Museo.

Sobre sus anécdotas de campo
 
40 años de labor en el campo, en una inusual faena, sí que da pie a muchas anécdotas.

Vamos ya finalizando el recorrido. Don Juan ya me contó sobre el hallazgo de las ocarinas y de cientos de magníficos instrumentos musicales; también sobre el fósil de la defensa de un mastodonte que encontró en Moravia en el año 1986 y un sinnúmero de hallazgos más. Pero aún faltaba el de la osamenta de un bebé de unos nueve meses, la cual fue hallada perfectamente conservada.

Sobre los problemas y peripecias de sus aventuras arqueológicas comenta que una de las cosas con las que tenía que lidiar de vez en cuando, en las inmediaciones de las comunidades guanacastecas donde realizaba excavaciones, era con la estampida de ganado que muchas veces, tras encontrar un portillo abierto, daban al traste  con el minucioso y lento  trabajo de excavación de horas o días.

Y si no era el ganado, algunas veces quienes mancillaban el patrimonio en proceso de excavación eran los "huaqueros", quienes aprovechaban las horas de almuerzo o de sueño de los arqueólogos, para robar lo que por siglos atesoraron las entrañas de esas tierras.

jv4Sobre el saqueo del patrimonio, lamenta profundamente la arraigada costumbre del “huaquerismo” en el país. Cuenta que, incluso, una vez en la Ceiba hirieron a uno de los que estaban trabajando con él, por lo que la policía debió cuidarlos durante las noches para que pudieran terminar sus labores.

Y si de peligros seguimos hablando, entre risa nerviosa nos cuenta de cómo una vez el motor del “barquillo” donde iban cruzando para pasar a Bahía Culebra, en su amada Guanacaste, dejó de funcionar en pleno mar, donde la corriente los arrastraba y nada podían hacer.

Nuestro recorrido ha terminado, mas no así nuestra conversación… Ya sentados en una cómoda banca ubicada en un pasillo en las afueras de la Sala  Precolombina, don Juan Vicente aprovecha para hacer un llamado a la no destrucción de la evidencia en los sitios arqueológicos; a hacer un alto al “huaquerismo” y con ello a lo que él denomina “amancillamiento de los cementerios precolombinos”.

Desde su actual trinchera, este amante del campo, la agricultura y de los buenos chicharrones, sigue pensando que la continua promoción de la educación en temas de protección al patrimonio, es clave para el presente y futuro de las nuevas generaciones.

Luego del grato recorrido que permitió conocer una pincelada sobre su historia, no queda más que decir: ¡Gracias don Juan Vicente! Su aporte al patrimonio arqueológico y cultural del país, es sencillamente inmesurable.
Gracias por honrar la memoria de los difuntos, de nuestros antepasados, y gracias por brindarle a los vivos, la oportunidad de conocer ese gran legado.