“Vida y Muerte en el Valle de Jícaro, Bahía Culebra”

Cráneos con deformaciones encontradas en el Valle del Jícaro. Foto Museo del Jade


Con el fin de conmemorar el 130 aniversario del Museo Nacional de Costa Rica y el 40 aniversario del Museo del Jade y de la Cultura Precolombina, se inauguró, en la sala de exhibiciones temporales del Museo del Jade, la exhibición “Vida y Muerte en el Valle de Jícaro, Bahía Culebra”.

Esta exposición, tiene como propósito dar a conocer los hallazgos, producto de las investigaciones arqueológicas realizadas en el sitio Jícaro, ubicado en la península de Nacascolo, Bahía Culebra. Un asentamiento precolombino que fue ocupado aproximadamente entre los años 800 -1300 d.C.

jicaroexhLos restos arqueológicos indican que la Bahía Culebra tuvo una prolongada ocupación humana desde el 800 a.C. hasta el 1350 d.C. Sin embargo, durante más de 2300 años de ocupación, se dieron importantes cambios entre los diferentes grupos que poblaron la bahía. Antes del 800 d.C. la bahía estuvo habitada, por gente emparentada con otros grupos del sur de América Central y que se pueden denominar chibchenses por sus similitudes lingüísticas. Alrededor de los años 800-900 d.C., cuando inicia la ocupación de Jícaro, se notan diferencias socioculturales que están relacionadas con el arribo de otros pobladores, quienes por sus costumbres y características físicas denotan una ascendencia mesoamericana.

Los habitantes de Jícaro construyeron viviendas de forma circular, con pisos de tierra o arcilla quemada, paredes de caña y un repello de este mismo material. Algunos enterramientos humanos estaban dentro o cerca de las viviendas. Los trabajos especializados se hacían dentro de las casas o sus alrededores; los restos de huesos de animales, fragmentos cerámicos, líticos y de conchas indican que las actividades frecuentes como el sancocho de los moluscos, la elaboración de objetos de cerámica, de concha y piedra se realizaban en esos espacios.

jicaroexh2En el exterior de algunas viviendas se encontraron conjuntos de hornillas que fueron empleadas en la extracción por hervido de los moluscos de las conchas y en la cocción de los pescados y otros alimentos. Esta actividad generó una gran cantidad de conchas y restos de fauna, principalmente de peces que formaron grandes depósitos conocidos como concheros.

El pensamiento mágico-religioso de los pobladores de Jícaro, refleja un fuerte culto a los ancestros. En los enterramientos excavados se notó que en varios casos los muertos estaban ataviados con adornos corporales hechos con huesos humanos que extraían de algunas tumbas, posiblemente de sus antepasados.

Durante el ritual funerario, al difunto se le colocaban utensilios de trabajo, adornos, vasijas con tapas de valvas de conchas o cerámica, alimentos, así como animales completos o partes de estos (venado, iguana, tortuga, tiburón, entre otros). El estudio de estos objetos posibilitó, en algunos casos, la asignación de roles y tareas específicas que los individuos desarrollaron dentro de la comunidad.

VistajicaroGracias a la excelente conservación de restos óseos humanos se pudo comprobar que en Jícaro a algunos personajes se les practicaron la deformación craneal y la limadura de los dientes. Además, junto al cuerpo del muerto o sobre este se colocaban, como ofrendas, cráneos sin mandíbula. Estos cráneos presentan marcas producto del descarnamiento como parte de un ritual ligado a la tradición “cabeza trofeo”. Esta práctica, representada frecuentemente en cerámica y estatuaria, fue común en las sociedades precolombinas tardías del sur de América Central y entre los pueblos mesoamericanos asentados en Nicaragua. Jícaro es el primer sitio en Guanacaste y en el país que registra evidencia directa de esta tradición en la arqueología de Costa Rica.

La exhibición de Jícaro estará abierta hasta el mes de setiembre del presente año, les invitamos para que la visiten y conozcan un poco más de cómo era la vida de nuestros antepasados en las costas de lo que hoy conocemos como Guanacaste hace más de 700 años.