Las aves y mamíferos del Museo Nacional

Jaguar Panthera onca. Foto J. Sánchez

Hace muchos años, Anastasio Alfaro,  un naturalista alajuelense  recolectaba serpientes y otros animales de Costa Rica y las preservaba, con el afán de conocer nuestra fauna. ¿Qué utilidad podía tener tal cosa?  Esos reptiles son desagradables para muchas personas.  Sin embargo, algunos años después el biólogo Clodomiro Picado se encontró ante un dilema: había víctimas de las mordeduras de serpientes, existían sueros antiofídicos, pero para especies de Brasil, ¿cómo saber si eran o no las mismas especies?, o bien, ¿Si ese suero servía para neutralizar el veneno de las serpientes nacionales?.

Fue observando la distribución geográfica de especies de Sudamérica y las de nuestro país, que en ese momento se pudo saber, gracias al conocimiento por los especímenes recolectados por naturalistas en Costa Rica, que se comprobó que en efecto el suero del Brasil era efectivo contra la mordedura de serpientes de Costa Rica, se importaron sueros y las victimas disminuyeron. Tanto que Clodomiro Picado refiriéndose al asunto escribió en su libro sobre serpientes venenosas de Costa Rica: “¡Servía, pues, para algo, colectar culebras!”.  

PajaroEstacaEste caso es solo un ejemplo de lo que las recolectas y las colecciones científicas de vertebrados han aportado al conocimiento de nuestra fauna.  Pasaron los años y la recolecta científica siguió, las colecciones del Museo Nacional (el primer centro de colecciones patrimoniales del país) crecieron.

Aunque el Museo Nacional de Costa Rica no cuenta actualmente con una colección de Herpetología (Reptiles y Anfibios), sí se han desarrollado las colecciones de aves y mamíferos. Esto incluye pieles científicas y otros componentes como huevos, esqueletos y nidos. Además, las observaciones de campo son también puestas en línea en un portal de internet (http://ecobiosis.museocostarica.go.cr/) lo que permite además del espécimen de museo, contar con información que enriquece notablemente los datos de presencia de esa especie para el país.

Actualmente la colección de aves cuenta con cuatro componentes: pieles de aves (8699), huevos (491 nidadas), esqueletos (1087) y nidos (319).  Además, está creciendo y consolidándose una colección de observaciones de campo (18611) y grabaciones de vocalizaciones de aves.
Están las pieles desde los raros pájaros estaca, semejantes a un palo seco, los colibríes que aún no pierden la coloración iridiscente de sus plumas, los huevos minúsculos del colibrí chispita, los huevos con color semejante al suelo del alcaraván y los huevos de un vivo color azul turquesa del tinamú o gallina de monte. El nido en bolsa de la oropéndola, el nido flotante del zambullidor y el curioso nido del macuá, rodeado de leyendas.

PielesratonesPor su parte, la colección de mamíferos tiene con 2040 especímenes la mayoría son pieles y cráneos, además cuenta con una buena cantidad de observaciones de campo (4897) y videos de fototrampeo, algunos en línea en el portal Ecobiosis del departamento de Historia Natural.  

Principalmente hay 1193 pieles de murciélagos, desde el pequeñito Rhogeessa (no más de 4 o 5 gramos) hasta el gran murciélago espectral (de más de 140 gramos) y  595 pieles de roedores, desde el pequeño ratón cantor (66 a 86 mm sin contar la cola), común en tierras altas, hasta las grandes ratas de selva de Osa (más de 220 mm sin contar su cola). Otros incluyen al acorazado armadillo o la piel manchada del manigordo, virtualmente invisible en la luz opaca de la selva y otras muchas especies de mamíferos.

QuetzalLas colecciones están al servicio de la comunidad nacional. Se usan en estudios de mediciones, análisis genéticos, de distribución, de identificación de especies, como patrón para dibujantes que intentan reproducir aspectos menos visibles de esos animales, como formas de picos y garras (artistas nacionales reconocidos como José Zeledón y José Pérez “Cope” la utilizaron), de ese modo algunos dibujos de publicaciones nacionales se han completado con la observación de especímenes del Museo Nacional,
Además, las colecciones sirven de apoyo a grupos de estudiantes que pueden observar con detalle aspectos vistos en sus cursos como identificación de especies y características de los mamíferos y aves.  

Así en general, el conocimiento sobre estas especies y su importancia es un apoyo tanto en la obra científica como en la obra divulgativa, el trabajo estudiantil, el portal en línea o la artesanía que llevan los turistas. Dibujemos en la camiseta o la gorra la lapa roja tan característica del sur, el venado tan frecuente en Guanacaste o el quetzal de las tierras altas, el jaguar en peligro de desaparecer o el tucán y el perezoso tan admirados de los observadores de la naturaleza, ya sabemos dónde buscarlos y cómo comportarse para no molestarlos, interés que tuvo de alguna forma sus inicios en la mente humana con una piel en un gabinete de museo o colección privada muchos años atrás.

Solo con una conservación responsable, espacios adecuados y condiciones óptimas es que estas colecciones nacionales se mantendrán por muchos años más prestando servicios a la comunidad y creciendo. Es un esfuerzo de más de 100 años que no se puede perder en pocos meses. Sería como perder una parte de nuestro patrimonio como si perdiéramos las carretas típicas de Sarchí o las esferas de piedra del Sur. Se puede pensar que son renovables, tal vez en especies, tal vez en número, pero nunca en su universo temporal, registros de zonas donde ya están desaparecidos, registros de unos cuantos años atrás o el esfuerzo de esos primeros naturalistas a través de tantos años.

Fotografías

Pájaro Estaca Nyctibius griseus. G. Alvarado
Pieles de ratones. F. Durán
Quetzal Pharomachrus mocinno. A. Cascante