Don Álvaro cuenta historias que vuelan

Don Álvaro Castro Harrigan. Foto W. Segura

Una tarde lluviosa fue el escenario perfecto para tener una exquisita clase de filatelia de la mano de uno de los más importantes coleccionistas de Costa Rica, don Álvaro Castro Harrigan. Al sentarnos en su oficina, es imposible no observar las frecuentes alusiones a objetos relacionados con su pasión, palabra que se queda corta en el “papel”: “esto es más que una pasión, es un enamoramiento total”, corre a aclararlo este enamorado que desde los 7 años se dedica a coleccionar estampillas.

Su primer intervención al iniciar nuestra conversación fue una clase de filatelia. “vea le voy a enseñar, la mayor parte de la gente no tiene ni idea de cómo es una colección, las colecciones se colocan en vitrinas (marcos) que tienen campo para 16 hojas… Cada colección cuenta una historia, se leen como leer un libro para poder entender lo que hay ahí”.

sobres1Con la paciencia de un maestro, don Álvaro explica que en la filatelia existen varios tipos de colecciones, la más común es la de estampillas y sobres circulados, pero también está la colección de historia postal. Mientras me enseña un portafolio me explica “esta por ejemplo se llama Historia Postal de Costa Rica: las colecciones de emergencia de 1911”. Cuenta que en ese año las estampillas de bajo valor se acabaron, entonces el Gobierno autorizó sacar todas las estampillas viejas guardadas y timbres telegráficos y utilizarlas, circularon 32 tipos de estampillas al mismo tiempo y le pusieron encima un sello con el nombre de correos y el valor “a esto se le llama una sobrecarga”. De esta colección en específico eran tantas las variedades, de algunas tan poquitas, que se gastaron muy rápido, eso las convirtió en raras y difíciles de encontrar: “Yo me di a la tarea de armar esa colección… duré 30 años”.

Como voy entendiendo a lo largo de la conversación con don Álvaro, ser filatélico es ser un amante de la historia. Hay que conocer, investigar y después buscar con mucha paciencia las evidencias físicas que confirman esa historia. Al armar cada colección, como un libro presto a leerse, se debe contar en las primeras hojas esta historia, en las hojas siguientes los sobres y estampillas, para finalmente respaldar este “libro” con las referencias bibliográficas.

tarjetas1Dentro de una misma colección, hay elementos más valiosos que otros, por ejemplo sobres que normalmente se botaban a la basura después de abierta y recibida la carta, por lo que conseguirlos es una tarea complicada. Inmediatamente me surge la duda de cómo consigue estas piezas “muchas de ellas por suerte… pero definitivamente hay que conocer de la historia para identificar una pieza”.

La cantidad de colecciones que tiene es incontable, solo sabe que 15 de ellas son las que han ganado premios internacionales, “solo basta un día de lluvia para ponerme a armar una colección, aunque sé que muchas de ellas nunca serán exhibidas”, cuenta.

Una de esas colecciones que se inició por  pasatiempo es la que cedió en préstamos al Museo Nacional y que se puede observar en la exhibición “Ciudad y burguesía, San José de 1880-1930”, está compuesta por tarjetas postales y sobres comerciales que cuentan la historia de una Costa Rica floreciente entre calles de lastre, algunos elegantes edificios y parques que resaltaban en el paisaje josefino.

sobres2Esta no es una colección común entre filatélicos, el principal interés de estos exclusivos coleccionistas son las estampillas usadas, entonces era inminente preguntarle ¿cómo nació una colección de tarjetas postales?, la respuesta fue simple… por curiosidad, “un día me pregunté que había al otro lado de la tarjeta y poco a poco descubrí  fotografías y paisajes antiguos muy lindos que pasan desapercibidos y que también cuentan una historia, descubrí que tenía otro tipo de colección”.

A esta colección se le llama “sobres comerciales” y aunque no va a concursar internacionalmente, pues no existe una categoría para ésta, si le produce a don Álvaro grandes satisfacciones personales. La idea la vio en un Museo en los Estados Unidos y en Costa Rica nadie había hecho una colección igual, es la única que existe hasta el momento. Su recorrido es incipiente, la ha expuesto en la universidad ULACIT y ahora en el Museo Nacional, “pero es tan grande  que podría llenar un museo con ella” se apura a aclarar con orgullo.
El motivo que tenían las empresas para imprimir este tipo de sobres es sencillo “no existía la televisión y de esta forma era como se hacían publicidad. Las empresas mandaban las cartas en uno de estos sobres y de una vez ofrecían su producto y se promocionaba con sus posibles clientes”.

Se puede hablar con don Álvaro por horas sin aburrirse, es capaz de contar con una memoria espectacular, la historia de cada uno de los sobres de su colección única.

Por aquí solo resta invitar a visitar la colección de sobres comerciales y tarjetas postales que está hasta abril del 2017 en la exhibición “Ciudad y Burguesía”, en las Casas de los Comandantes del Museo Nacional.