Santos Castellón: incansable defensor del patrimonio del Diquís

Don Santos Castellón (camiseta negra) acompañado de Francisco Corrales, arqueólogo y María Elena Carballo, ex ministra de Cultura 2006-2010. Foto. R. Chacón

Don Santos Castellón Valladares tiene un lugar destacado en la historia de la gestión del patrimonio cultural del Diquís. Su admiración por el legado ancestral lo llevó a aunar entusiasmo y trabajo con los esfuerzos que desde los años 1990 realizaba en la zona Ifigenia Quintanilla, en ese entonces funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica. Esa colaboración estrecha con el Museo continuaría con las labores que Adrián Badilla y yo asumimos y no cesó hasta su muerte en octubre de 2016.

Don Santos nació en Upala, zona norte del país. Son solo 16 años se aventuró por la zona sur y trabajó en las plantaciones bananeras. Luego regresó a Upala a trabajar en la finca familiar y fue cuando conoció a Cora Ortiz, quien sería su esposa por 56 años.

En 1968 y ya con una familia de cuatro hijos, nuevamente don Santos regresó a la zona sur en busca de mejores oportunidades para su familia. Desde entonces echó raíces.  Vivió en lugares como Ciudad Cortés, Finca 52 y Finca 56, cerca de Villa Neilly y Coto 47, hasta finalmente instalarse en Palmar Sur a partir de 1983. Sus otros tres hijos ya nacerían en el sur.

ConversandoDon Santos estuvo en la organización comunal, fue presidente de la Asociación de Desarrollo Comunal, en el Comité de Aguas y otras organizaciones. Era enormemente apreciado por su don de organización. Todo lo guardaba y clasificaba y con su memoria prodigiosa podía contar cualquier anécdota acerca de la época bananera. Bastaba con poner cualquier tema sobre la mesa y él empezaría a desgranar recuerdos y datos.

A nosotros nos adoptó. -mis muchachos- nos decía. Y así se forjó una amistad de muchos años. Lo conocimos como líder comunal y luego trabajamos con él en el comité local del Área de Conservación de Osa y en ASODIQUIS, la asociación que se fundó para trabajar en pro del patrimonio cultural y natural de Osa. Fueron largos años comprometidos en la defensa del patrimonio natural, arqueológico e histórico de la época bananera.

ElBambuLos primeros festivales de las esferas se hicieron con su participación entusiasta, su casa era centro de reuniones. Su familia nos recibía con los brazos abiertos y ahí, con vista al parque de Palmar Sur, hablamos de planes para consolidar la naciente iniciativa de un festival que celebrara tanta herencia que tiene el cantón de Osa.

Luego vinieron las idas al campo. Al principio lo invitamos a conocer nuestro trabajo, pero luego don Santos se integró a nuestro equipo y nos acompañaba ya fuera a los calores de Finca 6 a o las alturas de Brishá˅cra en la fila Grisera. No pasó mucho tiempo para que él hablara con propiedad de la historia antigua del delta.

Mi recuerdo más entrañable fue cuando, con Eduardo Volio, nos encargamos de los trabajos de rescate en el sitio El Bambú, un gran asentamiento que el río Térraba está lavando. Allá fuimos a las riberas del río, a limpiar la pared donde se veían las diferentes capas de ocupación y a recolectar el material cerámico del playón. Largos días de trabajo bajo un sol inclemente, pero llenos de entusiasmo y conversaciones a la sombra del bambú que es referencia para el sitio.

EnFinca6Don Santos era además nuestra persona recurso en Palmar. Con él dejábamos equipo, documentos para otras personas, ahí mandábamos a personas que querían saber de los sitios con esferas cuando no estábamos en la zona. Nos guardaba, además, todos los recortes de periódico con noticias sobre las esferas. Nosotros le retribuíamos con las publicaciones que se iban generando sobre nuestro trabajo.

Antes de morir pidió que lo enterraran en su tierra natal, Upala, y así se cumplió, pero antes pudimos despedirlo en Palmar Sur, donde lo conocimos y apreciamos. Fue un amigo incondicional, un hombre recto y sabio, en otro lado lo habrían declarado tesoro viviente. De esos que deberían vivir para siempre. Lo recordaremos en cada sitio que trabajemos, en cada material que analicemos, en cada charla que demos. Pensaremos en él cada vez que atravesemos el Térraba y extrañaremos su abrazo.