Ciudad de primates

Mono ardilla. Foto Carlos Morales

Vivimos tiempos de cambio. Somos testigos del deterioro ambiental y de la degradación de nuestros contextos sociales y culturales. Habitamos un universo que hemos proclamado como propio, como humano. Vemos a nuestra especie: Homo sapiens sapiens, como el organismo que gobierna entre todas las especies existentes; el egoísmo y la ambición son piezas esenciales y fundamentales del rompecabezas que da sentido a nuestra naturaleza, pero no son la únicas.

En este sentido, podemos decir que hemos perdido el norte; somos una especie y un inquilino más de una gran variedad de organismos que han adoptado el planeta como propio. Somos la única especie del género homo que camina actualmente en la tierra; hemos prosperado y nos hemos adaptado al entorno, nuestros parientes homínidos: homo naledi, habilis, erectus, neanderthalensis, florensiesis y denisova se han extinguido.

Alcanzamos un nivel de desarrollo que nos ha permitido ocupar la escala más alta en la cadena natural de las especies. Ocupar este lugar implica una gran responsabilidad; tenemos la capacidad de conservar, proteger y mantener el equilibrio natural, sin embargo, la ambición y el egoísmo nos han dominado y hemos llevado al límite la capacidad de nuestro planeta, incluso, hemos sido capaces de atentar en varias ocasiones contra nuestra propia especie.

mono1Conquistamos una diversidad de ecosistemas. Hemos prosperado sobre una infinidad de ambientes; el Homo sapiens se ha asentado en casi todos los ecosistemas del planeta. Poblamos un hábitat que compartimos con más de 625 especies y subespecies de primates; nuestros parientes filogenéticos vivos más cercanos. Vivimos en una ciudad de primates, en un mundo donde prospera una gran diversidad de especies de flora y fauna. Cerca del 25% de las especies de primates se encuentren en peligro de extinción debido a las presiones antrópicas sobre el ambiente y los ecosistemas.

La expansión de la frontera urbana, ganadera y agrícola, la deforestación, la caza ilegal y el comercio internacional ilícito de especies constituyen la principal amenaza que contribuyen con el deterioro de las poblaciones de primates en el mundo. Las especies más susceptibles se estima que desaparecerán en menos de un siglo. El fenómeno es alarmante ya que se está presentando en todo el mundo de una manera acelerada y sin proporciones. Hemos sido testigos del deterioro en las condiciones naturales de las poblaciones de orangutanes en Borneo y Sumatra. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cataloga esta especie como en peligro crítico de extinción debido a que, en estado silvestre, enfrenta un riesgo extremadamente alto de desaparecer debido, principalmente, a la injerencia del ser humano en su entorno natural.

En Costa Rica las cuatro especies de primates se encuentran en la lista de la UICN de especies en peligro de extinción. De estas cuatro especies, se considera a los monos ardilla como los primates con mayor riesgo, debido a su distribución geográfica restringida, la fragmentación y pérdida de sus hábitats naturales producto de la incidencia de la presión antrópica, la expansión de la frontera agrícola, ganaderos y urbanos, el tráfico ilegal y el uso de estos primates como mascotas.

La problemática ambiental en nuestro mundo; en la ciudad de primates, es complicada. A la par del deterioro ambiental, el ser humano, inquilino, ha condenado a sus parientes vivos más cercanos recluyéndolos en jaulas: prisiones disfrazas de circos y zoológicos, en el mejor de los casos. En el peor de los escenarios, los obligan a ser sujetos de pruebas para la industria médica y farmacéutica. El ser humano los ha hecho presidiarios de la cultura, con esta excusa, se les ha apartado y despojado de sus familias, grupos y ecosistemas, mancillando sus libertades y dignidades, como sucede con los gorilas de montaña y de tierras bajas y con la mayoría de especies en este planeta.