El manatí o vaca marina, un limonense muy peculiar

El día pasado, cuando el Almirante iba al Río de Oro, dijo que vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero que no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara.  
Cristóbal Colón, Diario de Colón, 1493

Si uno se estaba quedito, veía al pez más raro de todos: grande como una vaca, salía poco a poco del río, asiéndose con su aletas al limo de la orilla, hasta que lograba alcanzar la tierra y entonces empezaba a mascar la hierba tierna.  Cuando se había dado una buena hartada, regresaba al río.  Era el pez manatí, al que los indios llaman “vaca del río”.
José León Sánchez, La Colina del buey.

Historia natural del manatí

Es aceptado hoy en día que las sirenas que vio Colón eran en realidad manatíes. De ahí se ha derivó el nombre del grupo (Orden) al que pertenecen los manatíes (Sirenia).  

El manatí es un gran mamífero acuático con una cola en forma de paleta ancha y extremidades transformadas en aletas. El cuerpo es grisáceo.  Habita en estuarios y grandes ríos.  Se alimentan de plantas acuáticas, principalmente gamalote (Paspalum repens) y pará (Urochloa mutica) (Gómez Lépiz 2010).  

Tiene una sola cría que podría nacer al parecer en cualquier tiempo del año.  Su gestación es bastante larga (1 año al menos), por lo que una hembra podría tener una cría cada dos años o más.  Un manatí adulto promedio mide alrededor de 3 metros de largo. Se sabe que algunos ejemplares adultos pueden llegar a pesar hasta los 600 Kgs.

¿Dónde se encuentran?

La especie se extiende por la costa atlántica desde el sureste de Estados Unidos hasta Brasil, incluyendo las llamadas Indias Occidentales (Bahamas, Cuba, República Dominicana, Haití, Jamaica, Puerto Rico y antes las Islas Vírgenes).  Según Jiménez (2000a, 2000b) los manatíes en Costa Rica están ubicados en dos poblaciones: los cursos de agua del noreste con la mayoría de individuos, lo que incluye Tortuguero, Río San Juan y otros; y pocos individuos en cursos de cerca de la frontera con Panamá, lo que incluye Gandoca-Manzanillo.

Presente en la cultura indígena, limonense y en las viejas crónicas

En muchas culturas indígenas de América Latina, el manatí ha sido protagonista de leyendas o creencias.  También en Costa Rica encontramos muestras de eso.  

De los indígenas  Brí-brí nació una leyenda que nos cuenta que el manatí era un cazador de dantas que atormentaba a su mujer.  Al intentar cruzar un río sobre un palo de una orilla a la otra, se rompió el palo y el hombre cayó al agua. Ahí fue transformado por el dios Sibö, que lo envío a vivir en el mar.  

Otra leyenda de la mitología Bribrí, nos habla de un ser llamado manatí o Naitli, que en vez de pies tenía una cola de camarón o de langosta marina.  Naitli se enojó con el dios Sibö y este convirtió su sombra en el manatí, al que ordenó vivir en los esteros y en las desembocaduras de los ríos.

Para algunos indígenas, Naitli es considerado peligroso y hasta un tabú alimenticio (Chang 1975); mientras que para otros grupos, el manatí era importante fuente proteínica para su subsistencia; razón por la cual era cazado, según explica Ferrero (1989), por medio de ser capturado en jaulas (algún tipo de encierro) y luego arponeado.

Ya más tarde cuando los naturalistas visitaron América Central, sucedió que esta especie en algún momento se convirtió en la obsesión de algunos viajeros.  Por ejemplo el sueco Carl Bovallius que visitó Costa Rica en 1882, nos dejó plasmadas algunas notas de su búsqueda del manatí y la importancia que tenía para los habitantes de la costa Caribe en Costa Rica y Nicaragua.  Bovallius escribió: “Es cierto que tengo que anotar aquí tres cazas desgraciadas de manatí, una de las cuáles me costó un baño y la pérdida de un revolver; pero tuve la oportunidad de echar una mirada sobre las costumbres poco usuales de este animal…”

manati2Posteriormente, en su viaje en Nicaragua, cuando estuvo cerca de la frontera narró así: “La costa baja continúa hasta el Río San Juan; hallándose por aquí y por allá estrechas entradas a los muchos esteros y lagunas que siguen la costa en la mayor parte de su extensión, y las que forman excelentes vías de comunicación para las canoas de los huleros y cazadores de manatíes… La carne es especialmente exquisita y generalmente apetecida. Se come fresca o bien ahumada o secada al sol. Es de un color rojo oscuro, aunque en los animales jóvenes el color es más claro. Recuerda al paladar una carne gorda de cerdo”.  Además hace una descripción de las técnicas de caza durante su participación en la obtención de pieles y esqueletos de manatíes.  

Varios cronistas anteriores como Fernández de Oviedo y Bartolomé de la Casas, ya habían escrito de las costumbres del manatí, de su caza por los residentes americanos y de su carne también.  El alemán Frantzius (1882) vio manatíes en el río Sarapiquí:”…los hay en abundancia en el río San Juan y sus afluentes, el Sarapiquí y el San Carlos.  Lo persiguen y matan los zambos mosquitos…desde la costa de Mosquitos pasando por toda la costa de Costa Rica hasta la Laguna de Chiriquí”.

Pero el manatí fue objeto de admiración estudio o caza, no solo para los naturalistas o los primeros indígenas; los limonenses también han estado ligados a esta especie.  Paula Palmer en su libro “Wa’apin man. La historia de la costa talamanqueña de Costa Rica según sus protagonistas” y Ross (1991) recogen las anécdotas de uno de estos vecinos: “Otro animal que abundaba a lo largo de la costa era el manatí o vaca marina…Mi abuelito los cazaba aquí en Cahuita, según míster Johnson.  Nosotros sabíamos durante cierta época del año pasaban de Sixaola River a North River, y entonces los esperábamos.    Se lo caza con el arpón y al ser arponeado huye nadando…Luego se corta la carne en trozos grandes y se sala y se guinda al sol para que se seque…Uno lo pone a freír como el tocino”.

Además de la carne, el manatí ha tenido otros usos.  Frantzius (1882) escribe: “En Costa Rica hacen látigos para montar, del cuero grueso y sin curtir del manatí, que son mejores que los hechos con la piel del tapir.  El hueso temporal se vende caro, por que el vulgo le atribuye efectos medicinales”.

Conservación del manatí

Al parecer, las vacas marinas eran muy frecuentes en Tortuguero, entre las décadas de los cuarenta y los cincuenta del siglo anterior.  Actualmente la especie es considerada en peligro de extinción, debido a la cacería por su carne y aceite, y otras amenazas como las heridas infringidas por el paso de lanchas por los lugares que frecuentan. Otra de las amenazas del manatí es la contaminación por pesticidas que llega a los ríos, debido a la actividad bananera y agrícola.  

El manatí está protegido por la Ley de Conservación de la Vida Silvestre No. 7317, la Ley Orgánica del Ambiente No. 7554 y el decreto No. 26435-MINAE.  La especie también está incluida en el Apéndice l del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES).  

Nuevo símbolo nacional

El pasado 29 de julio la Asamblea Legislativa de Costa Rica aprobó la declaración del manatí (Trichechus Manatus) como símbolo nacional de la fauna marina de Costa Rica; iniciativa que nació de la idea propuesta por niños de la escuela de Limoncito, Limón en el año 2011.

Bibliografía
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