La democracia no es gratuita, pero es para todos

Caricatura de "Mecho" que muestra la duración de las elecciones en el siglo XIX

Decidir por quien votar parece algo familiar, cada cuatro años los costarricenses van a las urnas y en elecciones transparentes y democráticas eligen un presidente; pero este proceso tan cercano a la realidad costarricense pasó por muchos baches para llegar a ser la democracia con que hoy cuenta Costa Rica. Entonces…  se ha preguntado usted ¿Por qué votamos los costarricenses?, ¿Cuándo fue la primera vez que votamos? ¿Eran las elecciones tal y como las conocemos ahora? Todas estas respuestas están en la exhibición “Vivamos la Democracia” en el Museo Nacional.

Pues le cuento que no, todo era muy diferente de cómo lo conocemos ahora. Según la historiadora del Museo Nacional María Elena Masís, habría que remontarse a la primera década del siglo XIX en que Costa Rica formaba parte del Imperio Español, un imperio que se vio debilitado por la invasión de los franceses que obligan a las autoridades españolas a trasladarse al puerto de Cádiz. En 1810 éstos convocaron a los representantes de las colonias a una serie de reuniones denominadas “Las Cortes de Cádiz” para dictar una nueva Constitución que regiría no sólo a España sino a todas sus colonias.

Es así como se convocan a elecciones para escoger a los diputados que nos representarían en Cádiz. Por Costa Rica resultará electo el Presbítero Florencio del Castillo, con los votos de los hombres libres, mayores de veinticinco años, criollos.  A su vez, todos los cargos de los miembros de los Ayuntamientos también serán elegidos por los ciudadanos.

Elecciones en el siglo XIXPero, volviendo al tema inicial, ¿cómo era el sistema de elecciones? Lo primero que habría que decir es que no era tan sencillo como el sistema actual. Funcionaba así: las votaciones eran indirectas, se llevaban a cabo mediante un sistema de grados.  Además no existía el voto secreto sino que éste era público.  Veamos cómo era el asunto:

Todos los ciudadanos que cumplieran con los requisitos para votar, se reunían el primer domingo de enero y elegían a los electores de Parroquia.  Estos a su vez, se reunían el tercer domingo de enero y votaban para elegir a los electores de Partido.  Los Electores de Partido se reunían el primer domingo de febrero y elegían al Jefe y Vicejefe del Poder Ejecutivo, a los Diputados, a los Magistrados y a los miembros del Poder Conservador.  Es interesante notar, cómo a pesar de que el sistema ha cambiado; algunas similitudes se mantienen como el hecho de que las elecciones finales se hacían el primer domingo de febrero.

 ¿Y qué pasó después de la independencia?
Masís cuenta que durante esos años Costa Rica era gobernada por la Corona Española y formaba parte de la Capitanía General de Guatemala.  Al producirse en Guatemala la independencia el 15 de setiembre de 1821, la noticia baja al resto de las provincias de Centroamérica.  A Costa Rica, la noticia llega el 13 de octubre.  El 29 de octubre se firma un Acta de Independencia declarando la independencia absoluta del gobierno español; pero declarándose a favor de la unión al Imperio mexicano. Esto va a traer una serie de disconformidades hasta la promulgación, el 1º de diciembre de 1821, del Pacto Social Fundamental Interino, mejor conocido como “Pacto de Concordia”, constituyéndose en la 1ª Constitución del país.

Luego vendrá un período de Juntas, cuyos miembros eran elegidos popularmente por un período de aproximadamente un año. Y pasaron
cerca de tres años, hasta que los ciudadanos una vez más, fueron convocados para elegir de manera indirecta al primer Jefe de Estado de Costa Rica, Juan Mora Fernández en 1825. Para este tiempo, Costa Rica formaba parte de la República Federal de Centroamérica, cuya capital va a ser Guatemala.

De ahí en adelante hubo una sucesión de jefaturas que se prolongan hasta 1848 cuando José María Castro Madriz proclama la República, y pasó de ser el último Jefe del Estado de Costa Rica al Primer Presidente de la República de Costa Rica.

La noche de los machetes

Retrato del expresidente José Joaquín RodríguezPero no podemos avanzar en la historia sin hacer referencia a un hito en la historia de la democracia costarricense. Según Ma. Elena Masís, en noviembre de 1889 el entonces presidente Bernardo Soto dejó en la silla presidencial a Ascención Esquivel, quien era uno de sus mejores amigos y al mismo tiempo, candidato a la presidencia para las próximas elecciones. Hay que recordar que durante todo el siglo XIX, quien organizaba las elecciones era el mismo poder ejecutivo, por lo que, “al tomar el poder; Esquivel se convertiría en juez y parte”.

El pueblo al ver que Esquivel era designado a la presidencia, organizaba las elecciones y era candidato; empezó a sospechar de un fraude electoral por lo que el 7 de noviembre, “salieron a la calle con machete en mano exigiendo que se le diera el poder a don José Joaquín Rodríguez, quien se perfilaba públicamente como el ganador de los comicios de noviembre de 1889”.

A partir de este acontecimiento se inició un período de elecciones competitivas con una amplia participación popular y de proliferación de partidos políticos.

Esta se considera la primera manifestación popular, es por ello que el 7 de noviembre de cada año se conmemora como el día de la democracia costarricense. Además por ser la primera vez que triunfó en Costa Rica el candidato de la oposición.

En las urnas… solo uno y su conciencia

Observadores de Tribunal Supremo de EleccionesSegún se puede apreciar en la exhibición del Museo Nacional, antes de 1913, las votaciones eran muy diferentes: regidas por un sistema de votación indirecta donde sólo los hombres podían votar y las jornadas electorales duraban tres días. Después de largas luchas y debates en el Congreso, el presidente de la época, Ricardo Jiménez Oreamuno, decide reformar la Constitución y establecer el voto directo (1913)  y secreto (1925) tal y como lo conocemos hasta hoy.

Pero… ¿Qué lleva a don Ricardo Jiménez a decidir que el voto sea directo? En la exhibición “Vivamos la Democracia”, se consignan las palabras del entonces presidente “El voto directo y el voto secreto es el mejor medio que tiene el ciudadano para pronunciar sinceramente su voluntad, libre de toda influencia exterior, sin miedo y sin que le alumbre más ley que su conciencia, ni que lo mueva más sentimiento que su deber”.

Definitivamente ese fue un gran paso para una verdadera democracia, pero faltaba mucho más, aún no era completa y mucho menos ideal. En la misma exhibición, un panel con un extracto de la ley de elecciones señala quiénes no pueden ejercer ese derecho:  “entre ellos los privados de libertad, quienes no tengan solvencia económica, personas con algunas discapacidades físicas y mentales y las mujeres”.

Por lo menos más de la mitad no tenían estos derechos, por lo que en 1923 aparece un destacado grupo de mujeres intelectuales, entre ellas Ángela Acuña Braun y María Isabel Carvajal (Carmen Lyra) para citar sólo a dos mujeres que dieron la lucha por el voto femenino.

En medio de esta lucha y de una democracia todavía en proceso de fortalecimiento, el fantasma del fraude electoral se apodera de las elecciones en un proceso electoral confuso y de gran tensión política y social.

Portada del periódico La Nación que anuncia el inicio de la guerra del 48En 1948 la anulación de las elecciones por parte del Congreso, provocó que un nuevo grupo político liderado por José Figueres Ferrer, tomase el poder y formara la Junta Fundadora de la Segunda República. Entre las principales consecuencias de la Guerra Civil de 1948 estará la abolición del ejército y la convocatoria a una Asamblea Constituyente que dio al país una nueva constitución: la Constitución del 7 de noviembre de 1949, en la que quedaron consignados dos grandes logros: la universalización del sufragio y la creación del Tribunal Supremo de Elecciones.

Hoy la democracia costarricense es ejemplo para el resto del mundo, con un Tribunal Supremo de Elecciones garante de procesos electorales transparentes en los que pueden participar todos los costarricenses, sin distingos de género, ni de ningún tipo.

Al terminar este recorrido histórico, queremos llamar la atención del enorme significado que tiene la palabra Democracia. No quisiéramos que de tanto pronunciarla; a los costarricenses se les olvide el legado que representa este término en nuestro país. Y que los costarricenses reconozcan que más que una palabra, es una forma de vida. La cual se debe defender con el voto honesto y bien pensado, de cara a los próximos comicios.