De Obispos, arqueología y museos…

Museo Episcopal en 1916 (Libro Azul de Costa Rica)

En 1892, Anastasio Alfaro, Director del Museo Nacional,  le escribe a Monseñor Thiel desde el Pabellón de Costa Rica en la Exposición Histórica Americana de Madrid lo siguiente: “…Las piedras grandes llegaron perfectas y hoy día causan admiración de todos los que visitaron nuestro Departamento, los ídolos de guerra y la lechuza, símbolo de la creación del primer hombre,…“(Archivo de la Curia Metropolitana, documento facilitado amablemente por Ana Isabel Herrera).  Cuando la lechuza fue registrada temporalmente en los catálogos del Museo Nacional de finales del siglo XIX, se describía más ampliamente como “…símbolo de la creación, en donde la lechuza o tecolote tiene en el pico al primer hombre y lo coloca sobre la redondez de la tierra…”

thiel300La lechuza formaba parte de los bienes precolombinos que Monseñor había comenzando a colectar en sus recorridos pastorales por todo el país a partir de 1881. Por ejemplo, durante su visita canóniga a Golfo Dulce en 1883, se describe cómo,  después de haber estado en el Pozo (hoy Ciudad Cortés) llegó a El Palmar (en aquella época Palmar de los Indios); de ahí Thiel se fue a “…visitar un lugar a dos leguas de distancia, llamado Pilas, en donde se encuentran grandes piedras de los antiguos indios. Encontró cuatro ídolos de de dos varas, uno entero y tres en partes: tres figuras de animales de cuatro a cinco quintales de peso cada piedra. Simbolizan venados o dantas o cariblancos.” (Ana Isabel Herrera.  Monseñor Thiel en Costa Rica. Visitas pastorales 1880-1901, p.205).

Más de 100 años después, esta singular estatuaria vuelve a ser motivo de  cruce de correspondencia entre el Museo Nacional y la Iglesia Católica; esta vez para finiquitar el traslado definitivo al Museo Nacional de la colección arqueológica  de la Iglesia Católica iniciada por Thiel y que se conservaba en el Seminario Mayor; eran 1.200 bienes  que habían sido registrados en 1981 como colección de Monseñor Román Arrieta, arzobispo cabeza de la Iglesia Católica en el momento. Anecdóticamente, la estatuaria grande anteriormente reseñada no fue registrada  por encontrarse en la Escuela Social Juan XXIII.

El coleccionismo arqueológico del siglo XIX, se desarrolló con una visión centrada en la relevancia artística de los objetos más que en la interpretación contextual de las sociedades creadoras de dichos bienes. Lo anterior, se combinó en esa época con la invisibilización del indígena que era asimilado como parte de la naturaleza y representado como la antítesis de la civilización; por lo que había que modernizarlo −desde la mirada del Estado−, o evangelizarlo sin derecho a decir no, como había sido la perspectiva de la Iglesia Católica desde hace muchos siglo atrás.
 
ABuho300l cierre de ese siglo y con la mentalidad propia de esos años es que se funda en 1887 el Museo Nacional, impulsado por la primera Exposición Nacional de 1886 y fortalecido por la participación del país en las exposiciones internacionales de Madrid en 1892 y de Chicago en 1893, relativas al cuarto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América.  Con anterioridad a la fundación del Museo Nacional, Monseñor Thiel ya había comenzado en 1881 a conformar desde la Iglesia Católica una colección arqueológica relevante −entre otras− para el país.
 
De la Alemania protestante había llegado a Costa Rica el sacerdote católico Bernardo Augusto Thiel y Hoffmann, su nombre completo. Después de su paso por el Ecuador, llegó en 1878 a Costa Rica junto a otros vicentinos para administrar el Seminario en San José. Tres años después fue nombrado segundo Obispo del país; hasta el año de 1901, cuando muere en la ciudad capital a sus 51 años. En su obispado se dio uno de los conflictos más importantes entre el Estado liberal y la Iglesia Católica que implicó el destierro del Obispo entre 1884 y 1886.
 
Thiel fue algo más que un simple religioso, también era una persona con un destacado compromiso social y con un singular interés intelectual por temas arqueológicos, históricos y etnológicos.  

Fue el impulsor del Archivo de la Curia y de la Biblioteca Episcopal, presidente de la Sociedad Americanista y tuvo estrecha relación con León Fernández Bonilla, Anastasio Alfaro y varios científicos nacionales y extranjeros. Por ejemplo, del intercambio epistolar de Thiel con el científico alemán H. Polakowsly, este último realizó en la década de 1880 una publicación sobre la arqueología costarricense.  En la misma se detallaba además que  la colección recolectada por Thiel contenía armas y utensilios domésticos de los guatusos, objetos de piedra y oro de la Península de Nicoya, varias águilas de oro y “signos en las rocas” (posiblemente un petroglifo) de Costa Rica y Panamá, entre otras cosas.

museo300Monseñor Thiel prestó al gobierno en 1892 alrededor de 700 piezas arqueológicas para las exhibiciones de Madrid y Chicago, esa fue una de las colecciones arqueológica más grandes enviada por Costa Rica a dichas vitrinas internacionales. Muchos de los bienes fueron recolectados por  el mismoThiel o con el apoyo de algunos sacerdotes, el más destacado fue José María Velazco, el padre de Santa Cruz quien colectó y vendió colecciones arqueológicas dentro y fuera del país.

La colección del padre Thiel para la exhibición estaba compuesta en un 58% de cerámica −sobre todo fragmentos−, como ollas o tinajas y en menor cantidad ídolos y ocarinas. Un 22% eran objetos de piedra, la mayoría hachas, seguidas por metates, ídolos y algunos pocos asientos, cabezas, mazas y jadeítas. Esta colección provenía un 80% de Guanacaste, sobre todo de Nicoya seguida de Santa Cruz. De lo restante, se tenían algunos objetos de Heredia, San José (Guadalupe, Tibás, Puriscal), Puntarenas (Buenos Aires), Cartago (Atirro, Orosí), entre otros lugares.

Los bienes del país en las exhibiciones internacionales, según reseñaba Anastasio Alfaro, “…por su riqueza y presentación, merecieron amplios elogios y fueron consideradas como modelo, al compararlas con las de otros países americanos” y como prueba de ello −Alfaro le decía a Thiel−, es por lo que la colección de Monseñor obtuvo medalla de oro de primera clase tanto en Madrid como en Chicago. Sin embargo, el aporte de Thiel no se limitó a lo arqueológico, pues también exhibió objetos etnológicos recolectado en sus visitas pastorales, los cuales acompañó de  “preciosos datos lingüísticos” de los grupos indígenas del país. La colección arqueológica le fue devuelta en su mayoría a Thiel en 1894 y la etnológica la donó al Museo.
 
Cuando Thiel prestó al gobierno su colección arqueológica, opinaba al respeto que: “…Costa Rica ha sido, en la época del descubrimiento una provincia de poca significación, su civilización algo rudimentaria distaba mucho de la de los grandes reinos de Méjico, Guatemala, Bogotá y del Perú.   Todo lo cual consta en las relaciones publicadas por sus primeros descubridores. Por lo mismo la exhibición de las colecciones costarricenses no podrá llamar la atención del público por la grandiosidad o fina ejecución de sus objetos, sin embargo para el hombre científico tiene un interés particular, por cuanto CR ha sido el punto de contacto de las naciones americanas venidas del Norte y del Sur.” (Archivo de la Curia Metropolitana, documento facilitado por Ana Isabel Herrera).
 
Cabrodemonte300A la muerte de Thiel la colección había aumentado a 850 ejemplares; según se describe en el Libro Azul de Costa Rica de 1916 la misma incluía cerámica, piedra, oro, 12 jadeítas, collares y “cuchillos de sacrificios humanos.” Sin embargo, 15 años después, de la mano de otro religioso alemán, Juan Gaspar Stork, obispo del país entre 1904 y 1920, la colección del Museo Episcopal había ascendido a 6.000 bienes.

La mayoría de bienes arqueológicos provenía de Nicoya y Santa Cruz en Guanacaste, así como de Térraba, Boruca y El General en el Pacífico Sur, las faldas del volcán Turrialba y la Línea Vieja en el Atlántico. Además, en la colección episcopal había pájaros de Costa Rica y Ecuador, obras artísticas de autoridades y paisajes, y sobre todo obras religiosas al óleo o sobre metal.

Monseñor Stork quería construir junto al edificio del Seminario un edificio exclusivo para un Museo que fuera visitado por el público nacional y los turistas. Años después, en 1968, Humberto Sancho, encargado del Museo en el Seminario Central, después de reconocer el abandono en que se encontraba la colección, solicitó al Museo Nacional ayuda para clasificarla y montarla en muebles adecuados para su exhibición.

trasladopieza300Después de que la Ley 6703 de Patrimonio Nacional Arqueológico estableció el registro de colecciones, se registraron en 1981 oficialmente un total de 1.218 bienes precolombinos a nombre de Monseñor Román Arrieta Villalobos, de las cuales 57% eran cerámica, especialmente escudillas y vasijas y un 33% piedra, especialmente hachas. Los bienes se encontraban −en no muy buenas condiciones−, en el Seminario Mayor. Y En la Escuela Social Juan XXIII se encontraban las esculturas de mayor tamaño no registradas.

De estas piezas grandes fueron trasladas al Museo en el 2016 dos columnas talladas de piedra volcánica de la Península de Nacascolo, un tipo de escultura propia del Pacífico Norte y presente en algunos lugares de Nicaragua, como la Isla Zapatera del Lago de Nicaragua; son esculturas que representan al parecer un cocodrilo con sus fauces abiertas a manera de “alterego” o espíritu protector de una figura humana masculina.

Del Pacífico Sur se trajeron las esculturas que representan una lechuza, varios mamíferos y una figura humana con base de espiga. Según el criterio de la arqueóloga del Museo Nacional Leidy Bonilla, los mamíferos son de piedra caliza (las que fueron sacadas cerca de Palmar), a pesar de que en el Pacífico Sur es más común el uso  de piedras volcánicas, gabros y granodioritas. Aunque entre los mamíferos, son más representados los felinos, es muy particular la cantidad de representaciones que semejan ser cabros de monte sentados en el suelo; según la opinión del biólogo del Museo Nacional Francisco Durán, los detalles de la cabeza pueden no solo representar las orejas o los cuernos, sino la coloración marcada que tienen algunos en la cabeza.

Por último, pasó a manos del Museo Nacional la famosa lechuza  (en piedra arenisca), orgullo arqueológico del país hace más de 100 años en Europa. Es bastante excepcional en la región la representación de este tipo de ave, pues las águilas son las más comunes. Según la opinión de la ornitóloga del Museo Nacional Giselle Alvarado, esta ave podría ser una lechuza del género Megascops, por sus ojos frontales con sus pupilas e iris de diferente color, bien delimitados con dos órbitas en la escultura. Además, se aprecia una especie de penacho al lado izquierdo sobre la cabeza como si fuera una oreja y patas cortas que podrían haber tenido dibujado el detalle de las garras.
 
Por la particularidad de los últimos bienes reseñados, es posible que algunas piezas regresen sobre sus pasos y vuelvan al Pacífico Sur un siglo después, siguiendo la ruta de regreso en la cual ya están dejando huella las esferas de piedra precolombinas durante los últimos años. La mirada sobre estas particulares esculturas con representaciones animales tendrá nuevos significados para los arqueólogos, para el público o para las comunidades indígenas o mestizas que en algún momento podrán verlas frente a frente en el Centro de Visitantes del Museo Nacional en Finca 6. Sin embargo, hay una interpretación que si será compartida, la riqueza cultural milenaria que ofrece este país, sobre el cual todavía falta mucho por descubrir o recuperar.

Fotografías:
Monseñor Bernardo Augusto Thiel. Colección histórica MNCR
Lechuza del Pacífico Sur. MNCR
Museo Episcopal en 1916 (Libro Azul de Costa Rica).
Mamífero sacado de Pilas en el Pacífico Sur. MNCR
Traslado al Museo Nacional de columnas de Nacascolo.MNCR