¡Listos para la foto!. Retratos de estudio de finales del siglo XIX

Bebé no identificado en coche, tomada en el estudio Rudd y Paynter. Colección del Museo Nacional.

"Por sus diversos talleres fotográficos [de Mr. Rudd] han pasado tres ó cuatro generaciones y tanto el rico como el pobre se han sentado en mullidos cogines (sic) frente a un Dallmeyer o un Goerz. Sus dedos manchados con nitrato de plata han tocado, tanto la piel sedosa de la señorita más aristocrática, olorosa a Camia (itálica) de Rigaud, como el cutis de la humilde hija del pueblo que sólo puede darse el lujo de gastar Agua Florida (itálica) o Illang-Illang,...”  Páginas Ilustradas. 12 mayo 1911.

Fotografía de estudio de la señora María Fernández de Tinoco. Colección del Museo NacionalCuando los visitantes hacen el recorrido por las exhibiciones del Museo Nacional, se encuentran al final de la exhibición permanente de  la Sala de Arqueología con el paso hacia las casas de los Comandantes que fueron construidas entre finales del siglo XIX y principios del XX, antes de la edificación del Cuartel Bellavista a partir de 1917. Después, en la década de 1920, fueron adquiridas por el Estado y pasaron a ser el domicilio de las familias del Primer Comandante (la esquinera) y del Segundo Comandante (junto al Cuartel).

A partir de 1950, cuando el Bellavista se convirtió en la sede del Museo Nacional,  las casas fueron utilizadas por el Servicio Meteorológico y el Club de Jardines. Luego, en los años setenta, fueron ocupadas por el Departamento de Antropología e Historia hasta el traslado a su nueva sede en Pavas, en el 2007. Su restauración data del 2008 y posteriormente se abrieron al público como espacios de exhibición, especialmente con la muestra “Puertas Adentro: arquitectura, espacios y objetos.”

Para el 2015 la exhibición “Puertas Adentro” fue renovada en una sección, con la temática de los retratos de estudio de finales del siglo XIX, para la cual el Museo Nacional pone a disposición del público parte de su colección de fotografías tomadas en el estudio josefino de Rudd y Paynter.

El arte de capturar un instante del tiempo, por medio de la fotografía, llegó al país en 1848. El mejoramiento de las técnicas fotográficas desde finales del Siglo XIX hizo que más personas pudieran preservar un momento de sus vidas gracias al trabajo de varios fotógrafos. En la época, los más conocidos fueron Harrison Nathaniel Rudd, los hermanos Paynter, Thomas Penny, Henry Morgan, Felipe de Fienne, Francisco Valiente, Fernando Zamora, los hermanos Hernández, o el más importante fotógrafo de la primera mitad del Siglo XX: Manuel Gómez Miralles.

Niña con vestimenta de gusto europeoDesde finales del siglo XIX se hizo cada vez más popular entre diversos sectores sociales el tomarse una fotografía familiar en algún reconocido estudio, especialmente de la ciudad capital. Para la misma, la familia lucía las mejores ropas de “domingo”. Aunque el cambio cultural en la época  fue muy intenso; no obstante, el gusto europeizante tuvo que adaptarse, y en ocasiones entrar en conflicto con prácticas populares más tradicionales. Ejemplo de esto en la exhibición son algunas fotografías en donde contrastan la vestimenta de las mujeres, los casos más destacados son los de dos niñas; en la primera, la vestimenta, el sombrero, los zapatos y sobre todo la muñeca que lleva en los brazos, reflejan los cambios en los patrones de consumo de los costarricenses, guiados por el gusto por lo europeo, sobre todo en los sectores sociales más altos.

En comparación, en la otra niña de la fotografía viste de una forma sencilla;  en esta vestimenta de origen más rural se puede identificar algunos elementos del traje típico costarricense actual, sobre todo la blusa blanca con vuelos.

Los retratos de estudio también son reflejo de las relaciones o formas de organización familiar de la época, por eso vemos tanto familias tradicionales con padre, madre e hijos, así como el caso de una mujer sola con seis niños. La familia fue y sigue siendo el entorno fundamental donde las personas elaboran sus primeras ideas acerca del mundo y de cómo comportarse en él; según su identidad de género, su condición social y el modelo de familia patriarcal dominada por el hombre.

Fotografía de una niña con vestimenta de origen rural. Fotografía de la colección del MNCRPara la sociedad de la época, mayoritariamente rural, la familia era también la unidad productiva de la finca, donde hombres, mujeres y niños tenían diversas labores que cumplir. El trabajo en la infancia y la adolescencia era algo normal, así como también era costumbre que los adultos, especialmente las mujeres, realizaran lo más pronto posible la opción de vida más aceptable según los preceptos religiosos tradicionales: casarse y tener los hijos que “Dios mande”.

Sin embargo, no se debe olvidar que no solo los individuos y las familias fueron retratados; también el entorno natural, los pueblos, las edificaciones, las haciendas cafetaleras, los oficios, las diversiones, los hechos trágicos y las celebraciones cívicas. La fotografía contribuyó a configurar un sentimiento colectivo de pertenencia a una comunidad nacional.

Una de las formas en que los estudios fotográficos competían por clientes era mediante escenarios elaborados que, además del telón de fondo, incluían sillas, adornos, utilería e iluminación especial. Los retratados generalmente lo hacían sentados o de pie junto a una mesa, silla o algún objeto donde pudieran apoyar la mano.

En la renovación de esta exhibición, el visitante puede interactuar y tomarse una fotografía con una recreación de un estudio de la época, siguiendo el ejemplo de los abuelos.

Madre, posiblemente cabeza de hogar, con sus hijos. Fotografía de la colección del MNCRAlgunos estudios innovadores también coloreaban las fotografías o las utilizaban para crear retratos sobre soportes de porcelana. Había distintos formatos para presentar las fotografías tomadas; por ejemplo, álbumes con detalladas decoraciones  o portarretratos a la medida.  Era común que las fotografías fueran utilizadas como tarjetas postales para ser enviadas al extranjero. 
Quienes visiten la sección renovada además se encontrarán con la cámara fotográfica, ampliadora y portaplacas  que pertenecieron al  fotógrafo de la primera mitad del siglo XX Walter Bolandi, quien tenía su estudio en el Paseo de los Estudiantes. Bolandi  fue también uno de los primeros en realizar filmaciones cinematográficas nacionales. La cámara expuesta es marca Compur, tiene un sistema de fuelle que es una especie de acordeón entre la placa y el lente que permite cambiar el ángulo de enfoque. El lente de la cámara es de la casa Carl Zeiss, fábrica alemana que se convirtió a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en una de las  más  destacadas en la producción de instrumentos ópticos.

En Costa Rica a partir de la década de los veinte aumentó la importación de cámaras fotográficas de uso personal y para la década del setenta entró con fuerza la fotografía a color. En la actualidad, es la tecnología digital la dominante, cayendo casi totalmente en desuso la técnica de revelado de negativos.

Sello del estudio de Rudd y Paynter. Colección del Museo NacionalSin embargo, el público podrá apreciar antiguos negativos en vidrio que incluyen el retrato de  Ricardo Jiménez Oreamuno, quien fuera tres veces presidente de la República en la primera mitad del siglo XX.  También el negativo de un retrato de finales del siglo XIX de indígenas malekus quienes históricamente han poblado la zona norte del país. Además verán una típica fotografía de estudio de finales del siglo XIX, del estudio Rudd y Paynter, donde está retratada la Sra. Tinoco con sus mejores galas, este negativo ampliado es el que recibe al público visitante. Por último, junto a esos negativos se podrá observar una fotografía de una niña desconocida, un ejemplo muy poco común por su técnica,  pues en el siglo XIX las fotografías en positivo no solo se hacían sobre papel, sino también en vidrio, plata, cobre o hierro, como es el caso del pequeño retrato expuesto.