Juan Bautista Navas, Guardián del Patrimonio

Juan Bautista Navas

Visitar la zona que alberga a  los sitios cacicales con esferas de piedra del Valle del Diquís, sin conocer a don Juan Bautista Navas, no hubiera sido una experiencia integral (al menos, no para mí, que llevaba ese plan en mi agenda), para empaparme un poco más sobre el contexto socio-cultural, aledaño a los recientemente declarados sitios de Patrimonio Mundial.


Sentados en el Parque de las Esferas en Palmar Sur (con un bullicioso concierto de fondo), empieza nuestra entrevista, cuyo extracto presento en las siguientes líneas.

Nació en Palmar Norte. Es boruca por parte de madre y térraba por parte de padre. Su nombre completo es Juan Bautista Navas Maroto. Hace 3 años que pasó el medio siglo de edad y apenas ocho meses desde que perdió a su madre; ese pilar y fortaleza de mujer, quien a punta de mucho trabajo y sacrificio, logró sacar adelante a sus nueve hijos.

Una infancia de trabajo y desarraigo

La historia de Juan Bautista Navas es la de miles de personas oriundas de la zona sur del país. Él  tuvo que abandonar sus estudios, ante la imperante necesidad económica de su entorno familiar.

“Cuando tenía 15 días de nacido, mis padres se separaron. Mi mamá fue madre y padre a la vez, y a partir de entonces, ella tuvo que lidiar con nosotros, que éramos 9 hijos”, rememora.

Su mamá tuvo que  buscar trabajo como empleada doméstica para poder hacer frente al cuido de sus hijos.  Eso obligó a que a muy temprana edad, Juan Bautista optara por abandonar sus estudios para poder contribuir “con algo” a la economía del hogar.  

Cursó hasta el 6to grado de primaria en la Escuela Caña Blancal. “A los 12 años, opté por conseguir trabajo en el campo como jornalero”. Su primer trabajo fue “tapando frijol” en un terreno de unas 10 hectáreas. Bajo el abrazante calor húmedo, propio del cantón de Osa, el pequeño Juan Bautista agarró coraje para comenzar sin más preámbulo, a tirar los granos de frijol en medio de la maleza y echarle el monte encima. En aquel entonces, “tapar frijol” era la forma más económica y rápida de siembra.  “Eso se conoce como frijol regado”, agrega.
Tiempo después, continuó dedicándose a las labores de agricultura.

Juan Bautista Navas2La ajetreada agenda de su madre como servidora doméstica, la gran cantidad de bocas que alimentar en esa familia, así como el precoz inicio de Juan Bautista en el mundo laboral, fueron algunas de las causas del desarraigo de él y sus ocho hermanos, con las tradiciones propias de su etnia.

De sus tradiciones indígenas, confiesa que mantiene las relacionadas con la elaboración de platillos, tales como: los tamales de arroz, la gallina cocinada con verduras o al estilo arroz huacho con culantro y la elaboración de tortillas de maíz, entre otros.

Los datos estadísticos oficiales consultados en diversas fuentes*, coinciden en que  la alta pobreza y el desempleo, junto con el rezago, el bajo desarrollo humano y el alto grado de vulnerabilidad infantil, son los principales problemas que enfrenta el cantón de Osa, posicionándolo entre los cuatro cantones con condiciones más desfavorables de los 81 que hay en Costa Rica.

Ese fue el panorama que lo vio nacer, crecer y que a la fecha, no ha cambiado mucho.

Pero el Pacífico Sur es también una tierra de interesantes contrastes. No se debe olvidar que si bien es cierto, el cantón de Osa es uno de los más pobres del país, se encuentra inmerso en una zona considerada tesoro natural y una de “las más importantes en cuanto a riqueza y endemismo del país, pero también de la región centroamericana”, según lo manifiesta Silvia Lobo, bióloga del Museo Nacional en el libro “Diversidad Biológica del Diquís. I. Tierras Bajas”.

Una adultez de arraigo y promoción cultural

Y si durante su infancia, Juan Bautista se perdió de muchos privilegios propios del arraigo y acervo cultural y educativo, es en la adultez que decidió dar un giro y luchar por el rescate y el fortalecimiento del legado que dejaron sus antepasados, en el paradójico cantón de Osa.

Actualmente funge como secretario de la “Asociación Indígena de Rescate, Cultura y Arte del Sitio Arqueológico Batambal”; pero además, pertenece al  Consejo de Desarrollo Humano del IMAS, posición a través de la cual fiscaliza y busca ayuda para familias necesitadas de la zona.

Quienes lo conocen sabrán que él es una persona humilde, servicial, de pocas palabras, de hablar pausado, congruente en su discurso y un líder que se ha ganado el respeto de su comunidad.

Guardián del Patrimonio

Don Juan Bautista lleva años siendo un fiel colaborador del Museo Nacional, institución a la que confiesa tenerle gran cariño, respeto y gratitud. Ha participado en excavaciones arqueológicas en el Delta del Diquís y ha estado a cargo de la tarea de mantenimiento de los sitios arqueológicos, hoy declarados Patrimonio de la Humanidad. Ha participado en excavaciones en Batambal en los años 2011 y 2013; así como en Grijalba-2, en el año en curso.
Su apego y gran cariño hacia los sitios es genuino y se evidencia en cada frase relacionada con ellos. Pero esta historia es reciente y fue cociéndose lentamente al calor del sol que acompaña a las excavaciones arqueológicas y ahondándose centímetro a centímetro, con cada cucharada de tierra extraída en cada excavación en la que ha tenido el privilegio de participar.  

Juan Bautista Navas“El cariño a los sitios nació hace poco tiempo, cuando trabajé con el Museo Nacional en varias excavaciones;  allí fui aprendiendo la historia de los sitios, esas cosas las desconocía”, menciona con gran orgullo.

Al consultarle sobre el significado y valor de las esferas de piedra propias del Diquís, él cuenta que si bien es cierto creció viéndolas, nunca tuvo curiosidad por saber su origen. Eran simplemente “un objeto más” en su ruta cotidiana.

 “No tenía ese conocimiento, no sabía la procedencia, la estructura de trabajo, cómo se hicieron, la identificación con la comunidad. No sabía lo que representaban para el país. Hoy en día, el conocimiento que tengo es distinto, hay un cambio rotundo”, menciona. Pero, actualmente conoce y enseña sobre ellas, pues él da visitas guiadas en la zona de Batambal, cuando así se requiere.

Don Juan Bautista vive a escasos 200 metros del sitio Batambal, uno de los cuatro lugares que conforman el conjunto de asentamientos arqueológicos de Patrimonio Mundial, y eso le permite llevar a cabo con responsabilidad y orgullo, una gran labor: Custodiar con gran celo la zona de Batambal.

“Siempre me hago responsable de recorrer el sitio, para ver que no le estén haciendo daño… Hay gente que no valora ni tiene conciencia que esto es un legado que debemos cuidar. Hay personas que le hacen daño por maldad”, comenta.

Sobre la labor de protección al patrimonio que realiza nuestro entrevistado, el arqueólogo del Museo Nacional, Francisco Corrales, se refiere de la siguiente manera: “Don Juan Bautista asume un compromiso con los sitios arqueológicos de una manera vivencial, se trata de los vestigios de sus ancestros. Él se dedica a su trabajo con el interés de conocer más de la historia de su pueblo”.

Así por ejemplo, una anécdota que don Juan Bautista nunca olvidará es que mientras realizaba, junto a un compañero, labores de limpieza y mantenimiento en Batambal, se encontraron una esfera que no estaba registrada aún. Cuenta que su alegría fue algo inexplicable.

Sobre las esferas agrega que “al ver esos trabajos tan exactos, esas maravillas tan enormes; se pone a pensar uno que nuestros padres o antepasados fueron parte de esto.  Le da a uno un sentimiento de tantas cosas tan bellas, tan lindas tan excelentes y tratamos de buscar respuestas y no las tenemos”.

Entre las principales amenazas a los sitios, menciona que están el huaquerismo (especialmente durante las noches de luna) para encontrar objetos valiosos tales como oro, estatuillas o pequeñas esferas; todos ellos altamente cotizados en el mercado clandestino. Pero está consciente que, también son amenazas el mal uso de las instalaciones y bienes patrimoniales, como la destrucción o pintura de piezas, por mencionar solo un par de ejemplos.

El respeto que se ha ganado como guardián del patrimonio lo tiene a mucha honra. Cuenta que incluso los vecinos lo llaman a él cuando detectan alguna anomalía y él a su vez, se encarga de reportar el caso a las autoridades del Museo Nacional o a la delegación policial, si la situación lo amerita.

Sus sueños

Confiesa que no tiene muchos pasatiempos; aunque declara que cuando tenía más tiempo pintaba paisajes realistas en lienzos y en piezas de troncos de árbol.

Hoy, sus  sueños apuntan hacia el fortalecimiento de las tradiciones indígenas en la zona de Batambal, pero también hacia lograr un compromiso real de protección a los sitios patrimoniales por parte de las comunidades aledañas.

Juan Bautista Navas3Sueña también con la creación de un museo comunitario y trabaja arduamente en la contribución del fortalecimiento del turismo rural comunitario, con miras a promover trabajo a las familias de la zona; labor que incluye el rescate y venta de comidas tradicionales y productos artesanales autóctonos.

Está consciente que alcanzar su meta no será algo fácil, pero trabaja en ello.  Se manifiesta agradecido con el aporte del Museo Nacional y el Ministerio de Cultura y Juventud en la construcción de su sueño.

Finaliza la entrevista, no sin que antes el guardián del patrimonio, aproveche la oportunidad para volver  a hacer hincapié en que a los sitios patrimoniales debemos  cuidarlos y protegerlos, por tratarse de  una herencia cultural y social, que aportan un invaluable aprendizaje.

* Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) y el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM).